Sobre los procesos de obra _ Entrevista a Joseto Cubilla

Por Salma Abraham 

Charlamos con el Arq. Joseto Cubilla acerca del proceso de obra del Edificio Valois (aún en construcción, ubicado en la calle Valois, Asunción), indagando el proceso tecnológico-constructivo, así como también la experiencia de trabajos y desafíos anteriores que hicieron posible la concepción de esta obra en altura, cuya tecnología predominante es la construcción con tierra, y por ende los diversos factores que conllevan estos procesos experimentales.

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SA: Empecemos por recordar los antecedentes que aportaron a la concepción de esta obra…

JC: Son muchas historias, esta obra es muy significativa, porque es un paso más hacia una cierta búsqueda en temas o conceptos que nos parecen importantes para este tiempo tan particular… Como suelo contar acerca de aquellas viviendas rurales o semi rurales que hicimos: la casa del Pescador, Ñandubay o Pleasure Point, fueron grandes experiencias y cambiamos  de escala cuando hicimos el edificio San Francisco, y quedamos contentos con ese trabajo.

Lo mismo pasa con estas historias construidas con  tierra, empezando  con la experiencia Luque (ciudad a 11 km de la Capital), hace casi 18 años más o menos, fue una construccion  de tierra compactada que quedo casi en el olvido, porque los otros proyectos que hicimos posteriormente  no tenían esa condición tan particular. La experiencia Luque fue muy experimental y no era tan bien visto moldear o jugar con la tierra, era como retroceder en el tiempo, arcaico o primitivo a pesar de la potencia expresiva y ni que decir del poco o casi nulo impacto ambiental.

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Experiencia Luque. Fotografía: José Cubilla.

Más adelante surgió la posibilidad de retomar esta idea de la tierra con la Vivienda Takurú.

Soy un admirador de las construcciones vernaculares y me encanta decodificarlas por la cantidad de información que tienen, me parecen soluciones increíbles, pertinentes y olvidadas muchas veces pero de mucha sabiduría.

Con la vivienda Takurú tuvimos una de las experiencias más interesantes constructivamente hablando. Empezamos a indagar en temas que nos interesan, tales como dejar la menor huella o impacto en el lugar, y trabajar desde la economía circular además del objetivo obviamente arquitectónico. En este caso apostamos al lugar, a Piribebuy (ciudad a 73 km de la Capital), transformando la materia tierra en un artificio y objeto habitable (vivienda) que surge de este hermoso lugar.

La tierra se extrae del mismo sitio (el 86 % de la construccion de Takurú es de tierra) y con la sustracción creamos un tajamar para los animales,  un sistema llamado pozo provenzal o canadiense, que es simplemente una ventilación que se realiza en el subsuelo por ductos cerámicos que inducen y mejoran las ventilaciones y los interiores de la vivienda, sin necesidad de aires acondicionados, es un sistema de geotermia superficial. También diseñamos las bóvedas de los techos con ladrillos de tierra porque  el lugar es de difícil acceso y transportar materiales como tejas, chapas u otros sería más costoso, de esta forma conseguimos cerrar el círculo.

Takurú. Fotografías: Salma Abraham.

También apostamos a la gente, en nuestros trabajos intentamos que se sientan los materiales que nos interesan, que son locales generalmente pero también y sobre todo por ver como se utilizan y quiénes las operan. Compramos muy pocos productos industrializados, hay mucho trabajo artesanal. Se siente en las mamposterías, sillerías, carpinterías, etc., en este caso deseamos que el dinero o inversión pueda llegar más a la mano de obra que al material.

Valorar el factor humano es por lo menos nuestra intención, con la idea de una economía circular, como por ejemplo: cuando emprendemos una construcción, y compramos un piso importado como un porcelanato de aproximadamente 100.000 gs el m2, donde la mano de obra, a precio de mercado, se estima entre 30.000gs a 40.000gs el m2, y donde vemos que no se escatima para comprar el producto; por lo tanto el 70% del dinero va al producto y el 30% al que lo coloca. Creo que lo interesante sería revertir este porcentaje a favor de la gente. Estas son las cosas que me preocupan hoy en día y me interesan que formen parte de nuestras intenciones arquitectónicas. Diseñamos con la calculadora también por supuesto.

Para la vivienda Arapytu en Surubi’i , compramos restos de piedra de la cantera de emboscada, (hoy se vende por m2, pero en ese momento era un enorme desperdicio) con eso hicimos las plataformas, el piso, la piscina ,etc… sumando el costo del viaje, el traslado y acarreo de dichos restos  obtuvimos  un costo increíble de 8.500 gs por m2, y le pregunté a mi maestro de obra por cuánto podría colocar pieza por pieza las piedras, como un gran rompecabezas por cada m2, me contestó que por ser muy artesanal y de mucho trabajo sería  entre 45.000gs o 50.000 gs.  Sumando material y mano de obra llegamos a 65.000gs por m2 y es aquí donde se da la vuelta el tema, se obtiene un trabajo a menor costo en general y con más ganancias para los maestros que son verdaderos artesanos! Además de que los materiales son muy nobles y bellos, reactivamos los lugares inyectando beneficios en estas comunidades tan necesitadas.

Todo esto me parece importante a la hora de diseñar, no sólo como una cuestión de formas o funciones, si no de mucho sentido. Perdimos el sentido de las cosas y con esta pandemia reflexionamos más que nunca en esto que nos involucra , en las cosas que realmente importan. El daño que somos capaces de causar los arquitectos es terrible, porque uno destruye excavando y construyendo, pienso que la arquitectura o el artificio pueden o deberían intentar redimirse con el lugar donde operan, sea rural o urbano.

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Arapytu. Fotografía: Leonardo Méndez.

En 2017 me invitaron a realizar una exposición en LIGA (espacio para la Arquitectura, Ciudad de México), donde participan arquitectos de todo el mundo, a mí me tocó hacerla en el patio de la casa de Luis Barragán, quedé helado porque además de ser un referente y maestro a nivel mundial, es uno de mis ídolos personales. ¿Cómo hacerlo en un lugar como este y con el respeto que se merece? Trabajar en un jardín del Maestro Luis Barragan fue una experiencia maravillosa.  ¡En su propio patio taller! Enorme desafío y un privilegio inmenso.

Diseñamos una viga de tierra suspendida, con la idea de transmitir la necesidad que tenemos de seguir indagando en conocimientos aunque siempre exista la posibilidad de fracasar. La tierra trabaja bien a la compresión pero responde mal a otros esfuerzos tales como la flexo-tracción y corte. Por consiguiente, diseñar una pieza flotante de dos toneladas, conlleva serios riesgos de fisura, es un proceso de prueba y error.

Con esta pieza empezamos a indagar con los esfuerzos de la tierra, pelear con la técnica, pasar los límites que teníamos y seguir siendo coherente con lo que creemos, ahí es donde tenemos que ser responsables con el conocimiento, porque a veces diseñamos cosas sin conocer; teníamos que hacer una muestra de tierra en un lugar donde hay movimientos telúricos, preparamos la viga para eso ¡y tuvimos un terremoto!.. En el momento del montaje de la viga de tierra vino el terremoto, fue muy duro. Una experiencia trágica, donde falleció mucha gente y estuve presente en los sitios más perjudicados. Por supuesto se suspendió el evento. Lo sorprendente del caso fue que la viga de prueba no se fisuró. Pudimos volver unos meses después y montar con éxito la exposición.

Al finalizar la muestra, todos los materiales fueron devueltos a la naturaleza, (la viga de tierra, 4 maderas y una piedra) por eso lo llamamos Ambapy, un concepto que habla de esta cosmovisión guaranitica de reciprocidad (Mundo Guaraní B. Meliá), sostener la bóveda celeste desde el zócalo verde o tierra. Es muy filosófico pero en esta experiencia mexicana propusimos como hecho arquitectónico a la viga misma que es una pieza de tierra que se transforma en geometría, peso, con un contenido constructivo, costos y desafiando a la gravedad.

Ambapy. Fotografías: Luis Gallardo.

Tomando el Pamoi ayoreo como analogía, hecho de tejido de Caraguatá usado para varias funciones, como una silla que uno puede transportar fácilmente, de alto diseño, hecho a mano, de alto contenido artesanal y humano, que lo podes usar no sólo para sentarte sino para subir al árbol y bajar la miel, para llevar al hijo en la espalda, para llevar los alimentos después de una buena caza. Resume lo que debería ser la arquitectura para mí, un elemento que surge del mismo sitio y se reconvierte en varias cosas al mismo tiempo, amable, tenaz, pero silencioso, austero y bello, original (proveniente de origen) y esencial.

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SA: Realmente esta cronología de antecedentes son necesarios para entender el inicio del Edificio Valois, comparto contigo lo importante que es buscar el equilibrio entre el lugar, los recursos, el factor humano, la técnica y el medio, al final debemos hacer un mea culpa y ver que hicimos a lo largo de la historia, como transformamos nuestros territorios de manera excesiva y buscar remediar las consecuencias terribles que causamos.

¿Cómo surge entonces este siguiente paso con el Edificio, la idea que dio origen a la obra?

JC: Sintetizaste lo que queria decir, realmente todo esto es en busca de una especie de equilibrio, entendiendo o preguntando sobre cuál sería la verdadera capacidad de carga de los lugares, como decodificarlos y asumir con responsabilidad ciertas  estrategias tomadas desde un aspecto tal vez filosófico, o de mucho sentido común.

Evidentemente tenemos que creer y soñar con algo mejor y apostar a algo que pueda beneficiar no sólo al cliente o a las personas, sino al entorno inmediato o a la ciudad misma. No hay trabajo privado que al final no afecte a lo público, todo está relacionado y debemos hacernos cargo de lo que hacemos.

El edificio Valois es realmente un desafío nuevo, aunque al sistema de tapial (técnica constructiva de muros formados con tierra compactada) lo llamen alternativo, y lo vemos como muy rural, antiguo, inapropiado, sucio (para mí equivocadamente) quisimos retomar algunos conceptos olvidados y buscamos dar un paso más, y situar este sistema tan amable también como algo urbano y no solo rural, creo que podemos volver a incorporarla a la ciudad, conociendo, adecuando y mejorando la tecnología para que sea aceptada. No queremos volver a las cavernas aunque no me desagrada la idea.

También siempre vimos este sistema como muy apoyado en la tierra y en este caso emplearlo en un edificio en altura es provocar y desafiar sus límites, pero con responsabilidad por supuesto. A diferencia de Takurú que utiliza la tierra del lugar, en Valois compramos tierra y esta fue puesta a prueba, necesitamos seguir explorando.

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SA: Comentános sobre los desafíos de este sistema constructivo, la espacialidad, la mano de obra, su relación con el medio ambiente…

JC: Si fuera el Edificio San Francisco me hubiera sentido más cómodo al responderte, porque nuestros maestros manejan el ladrillo, el hormigón, etc…de forma segura, pero en este caso es más incierto, estamos viendo como se está comportando con la estructura, vamos sumando experiencias, pero ahora en altura.  Este sistema trabaja con la humedad de la tierra, es amable, silencioso, produce muy poca polución, etc…aunque todavía usa un poco de cemento, como huella ecológica es mucho más interesante, pero todavía necesita mano de obra especializada y ese es su punto en contra, por eso para mí es aún todo muy experimental. Estamos en plena etapa de terminaciones y nuevos aprendizajes que es lo motivante.

El proyecto es sencillo, son dos cajas de tierra separadas por un módulo de escaleras, con una planta libre que se abre hacia una gran galería lateral en L de hormigón como especie de viga, que queremos envolverla con verde, por más de que tengamos una buena orientación noreste, buen sol de mañana; además la espalda de este espacio tiene una protección del atardecer donde estan los baños o la humedad, sólo es sentido común.

Me hubiera gustado sumar la ventilación del subsuelo pero ya no fue posible porque no nos favorecieron los números, todo esto implica más inversión, doble instalación (una para recolectar agua lluvia y otra para el abastecimientos desde la red pública). Cuando esto sucede volvemos al sistema tradicional, el edificio es bastante conservador en este sentido, es comercial, son departamentos de alquiler y tienen que ser rentables. Vamos paso por paso, hay que ir sumando, no restando, ahora estamos incluyendo a la tierra.

Mucho se habla de edificios sostenibles, inteligentes o arquitectura bioclimática hoy en día, una ciudad con dobles y triples vidrios, anti UV, paneles solares, materiales industrializados, fachadas y techos verdes, la carrera por certificados verdes y mensajes grandilocuentes a favor de la alta tecnología, hasta escuché que teníamos que despedirnos del ladrillo, me preocupa este tipo de mensajes porque confunden. Un mal proyecto con fachada verde o techo verde será siempre un mal proyecto, por culpa de nuestros malos diseños dejamos a la tecnología que resuelva todos nuestros problemas y a un alto costo.

Me encantaría que estén al alcance de la mayoría de la gente para que realmente genere un impacto positivo y no sólo esté al alcance de bancos, entidades, edificios corporativos o una minoría que puedan afrontarlos, para tener certificados verdes o ser denominados inteligentes, los ayoreos por ejemplo para mí merecen el certificado de oro. Considero geniales los aportes que mejoren el mundo en todo sentido, ¡para eso investigamos! debo admitir que los procesos y las reglas de las certificaciones son muy interesantes, pero es bueno preguntarse y sobre todo en este tiempo tan especial, ¿Qué realmente estamos utilizando y como se elaboran los productos? Deberíamos de apostar a las buenas prácticas en Arquitectura y nada más. Lo sostenible, sustentable o el sentido común debería ser el abc de toda nuestra investigación y no el fin, ¡debería ser como respirar!,  para producir espacios dignos o extraordinarios que mejoren la vida de las personas.

Increíblemente  miramos a los materiales que surgen de la tierra (como ladrillos, piedras o la tierra misma) como arcaicos o como que no tienen nada más que ofrecernos! Solo se salvan las maderas y ahora el bambú como moda ecológica pero siempre estuvieron disponibles y son maravillosos. ¡Qué dirían Solano y el gran gabinete! Ganadores del León de oro de la Bienal de Venecia,  ¡con una obra de ladrillos! o paradójicamente el ganador del premio mayor de la última Bienal Iberoamericana de Arquitectura (BIAU XI) en Asunción, al gran maestro rosarino, el Arq. Jorge Scrimaglio, ¡un verdadero artesano del ladrillo!, mentor de una escuela brutal de grandes arquitectos como Rafa Iglesias, el Negro Villafañe, Gerardo Caballero, Nico Campodónico, (su iglesia de ladrillos es una belleza) etc., o sea está más que claro que el ladrillo está vigente y más que nunca, ¡y no lo digo solo yo!…  Estoy convencido que tiene mucho más que ofrecernos todavía por ser un material que está al alcance de todos, sobre todo en un país como el nuestro, en el que la mano de obra en este rubro es de lo mejor; a pesar de que su fabricación es muy dura y con un importante costo a nivel ambiental, sigue siendo sostenible porque está diseminada en todo el territorio y favorece a esta economía circular de la que hablamos anteriormente.

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SA: ¿Y cómo fue la recepción del cliente con este sistema?

JC: Valois es al final una inversión familiar que le propuse a mi madre política como desafío, en el caso de Takurú es para una familia campesina y en Surubi’i también tengo un par de viviendas de tierra en construcción.

Soy muy respetuoso a los sueños y deseos de las personas, no voy a imponerme y eso pasa en todos los proyectos, tengo que decir que en ese sentido tengo mucha suerte de transmitir las ideas de una forma espontánea y honesta .Convencer es siempre un acto de seducción de las ideas que proponemos. Muchas veces fracasamos por supuesto. Son las reglas de juego.

Valois. Fotografías: Leonardo Méndez

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SA: ¿Cuáles son los siguientes desafíos que tenés en mente?

JC: La verdad Salmi que me sorprendes en un momento personal muy difícil, con algunas experiencias laborales muy duras y tal vez una especie de resaca post BIAU que requirió mucha energía y tiempo, aunque fue un enorme privilegio ser el coordinador de dicha Bienal. Estoy re-inventando el estudio y empezando a resetear todo. Para poder actuar con más optimismo en esta era post Covid. Deseando no hacer lo mismo, no repetir errores, cambiar de estrategias en este nuevo tiempo y apuntar aún más hacia una arquitectura con sentido, y sobre todo con mucho más sentido humano.

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