¿Por que viajamos? o la importancia de la experiencia

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¿Por qué viajamos? O la importancia de la experiencia.

por Horacio Cherniavsky 

Es posible pensar de nuestras vidas como un perpetuo proceso. Somos la acumulación de experiencias vividas y aprendizajes adquiridos en el transcurso del espacio-tiempo. Sería un error, entonces, pensar en uno mismo como algo autónomo, estático, consolidado, finito. Nuestra percepción sobre nosotros mismos varía con el tiempo y somos capaces de ir construyendo nuestra propia historia. ¿O es la historia la que nos construye a nosotros? Pues, ambos. La respuesta práctica a esta dualidad yace en el significado del diseño ontológico que dice que lo que diseñamos nos diseña. Es una interacción colaborativa. Ahí reside la importancia de la arquitectura como articuladora de una cultura, una sociedad y en última instancia de una civilización. Es nuestro entorno el que rige como vivimos, como nos sentimos, como percibimosal mundo. Asimismo, somos nosotros los que construimos ese entorno.

La curiosidad y el deseo de la novedad son sentimientos inextricables a la naturaleza humana. Evolutivamente hablando, éstas fueron piezas fundamentales para el desarrollo de nuestra especie. Lo nuevo representa el cambio, la modificación de lo existente, y en ciertos casos, el progreso. La creación produce la novedad, y la novedad promueve la creación. La capacidad de crear, entonces, tiene su origen en la necesidad de transformar para habitar. Parafraseando a Heidegger, “al habitar llegamos solamente por medio del construir”. Y la construcción, que en esencia es transformación, es un proceso colectivo. Construimos loslenguajes, las costumbres, las ciudades, las culturas, las ficciones que nos organizan y determinan nuestras vidas.

Exponernos a entornos no familiares nos obliga a modificar los procesos mentales habituales y cotidianos. Al encontrarnos fuera de nuestros patrones de comportamiento diario, alias rutina, abrimos una ventana hacia la reprogramación de nuestra manera de ver el mundo, y por ende, de cómo nos vemos a nosotros mismos. Descubrir nuevos paisajes, espacios, personas, ideas, es aprender de ellos. Hay demasiada información en el modo de habitar de cada lugar. Esto nos permite elaborar una mirada crítica sobre la situación actual de nuestro propio entorno, sobre todo cuando vamos acumulando destinos. En esta constante búsqueda de lo nuevo es que nos encontramos con el descubrimiento, que lo convertimos en aprendizaje.

Estos aprendizajes luego forman parte de nuestra capacidad creativa. En inglés el término “awe” se refiere al sentimiento de sobrecogimiento y asombro que se experimenta en un momento de expansión perceptiva, de tal magnitud, que reconfigura nuestros modelos estructurales de la realidad. Dentro de nuestra susceptibilidad perceptiva de los viajes, nos sumergimos en esa sublimación poética, en la intensificación de la experiencia del presente, en una suerte de éxtasis.

Éxtasis, que en su raíz etimológica significa desplazarse, desviarse, es en esencia la acción de estar fuera de sí (ek, ex – stasis, estático, estanco). Algo tan cotidiano, común y corriente, se vuelve algo único, excéntrico, exótico, innovador, sin precedentes para nosotros. El frío y húmedo recibimiento de una catedral gótica, los olores que brotan de las cocinas en las calles de la ciudad medieval, el sabor de cada plato típico, la música que se ejecuta en el espacio público. Percepciones que muchas veces los propios habitantes del lugar dan por sentado, ya que forman parte de su cotidiano. Cuanta sensibilidad perceptiva sentimos al entregarnos por completo al profundo abismo de la conciencia. Pareciera que dentro de nuestra rutina diaria hay poco espacio para experiencias trascendentales y son justamente estos fragmentos vividos los que encienden el fuego de la voluntad creativa.

Los viajes, al descontextualizarnos del cotidiano y alejarnos de preconceptos y familiaridades, nos prestan nuevas lentes para ver la realidad. Conectarnos a esta diversidad hace que nos preguntemos sobre nuestro concepto de la verdad. Aquí nace lo que denominamos “perspectivas” que son las distintas representaciones con las que vemos la realidad. Es más importante, según Alain de Botton, la mentalidad con la que viajamos que el propio destino al que vamos. Está claro, entonces, que todo lugar posee información y particularidades de las cuales nos podemos enriquecer. No existen mejores o peores destinos. Cada rincón del universo esconde infinitos secretos esperando a ser revelados.

En ciertos momentos de la historia, como en ciertos lugares en la actualidad, viajar para ver arquitectura era la única manera de aprender de lo que ya se había hecho. Este peregrinaje instructivo era el único canal de aprendizaje previo a los libros e internet. Por supuesto, los viajes se volvieron cada vez más accesibles y se convirtieron en tarea pendiente de arquitectos en proceso de formación. Si bien los focos de interés arquitectónico se van polarizando, el Grand Tour europeo sigue siendo un hito en el desarrollo disciplinar.

Desde el viaje a oriente de Le Corbusier (en ese entonces Charles Édouard Jeanneret) hasta la expediciones de Bernard Rudofsky, todo viaje produjo un impacto penetrante que luego se manifestó en el trabajo y la producción de cada uno. Louis Kahn, Frank Lloyd Wright, Alvar Aalto y Jörn Utzon, por dar algunos ejemplos, transformaron su manera de ver la arquitectura luego de reveladores viajes. Tadao Ando confesó que fueron sus viajes los que le enseñaron arquitectura, ya que no tuvo formación académica de la profesión. Es de suma importancia, entonces, reconocer el rol fundamental de los viajes como herramienta de aprendizaje en la formación profesional. Todo lo vivido se convierte en recurso de nuestra propia producción.

Tener presente el motivo de nuestras acciones nos enfoca en la búsqueda de sus resultados. ¿Por qué, entonces, viajamos? Cada uno tendrá un motivo distinto. Se viaja para descubrir, para conocer, para aprender, para evolucionar, para perdernos y cuestionarnos. Solamente cuando nos perdemos es que nos podemos encontrar. Y a veces no se trata de encontrar respuestas, sino de hacernos mejores preguntas.

8M, caminando hacia la igualdad

8M, caminando hacia la igualdad.

por Melina Pekholtz 

El 8 de marzo no es una celebración como tal, es un paro para recordar el asesinato de las trabajadoras textiles de una fábrica en Nueva York, a principios del siglo XX y así reivindicar los derechos por la igualdad.

Muchas veces escuchamos;
-No es la forma, esto no me representa.
Seguramente olvidamos que por mujeres que se manifestaron como nosotras, tuvimos “derecho al voto”.

Las sufragistas no fueron mujeres que pacíficamente salieron a pedir que les dieran esa participación.

El solamente pensar que tenemos que luchar, pedir y requerir “derechos” que tendrían que ser igualitarios o equiparar situaciones asimétricas, ya nos habla de la brecha enorme que existe en cuanto a la igualdad entre los seres humanos.

Históricamente el advenimiento del sedentarismo en las distintas civilizaciones fue generando y conformando el espacio doméstico como espacio propio para la mujer y para prodigar no sólo sus cuidados a todos los miembros de la familia sino a cuidar también el “patrimonio” que se iba generando con el uso exclusivo de la tierra.

Con esta conjunción de patriarcado y patrimonio, la mujer fue desarrollando sus actividades en los límites del espacio doméstico.

Hasta la revolución industrial, la mujer por cuestiones de organización, reproducción y construcción social, estuvo a cargo de todo lo que ocurría en ese espacio intramuros de lo “privado”; por lo tanto sus acciones así como también su imagen estuvo invisibilizada de la espera de lo público.

Con la especialización del trabajo y la ayuda conseguida con el uso de las máquinas (reemplazando ciertas tareas relacionadas con la fuerza) y con ello el avance de una sociedad cada vez más capitalista, la mujer poco a poco fue incorporándose al “mercado laboral” en forma de una nueva esclavitud incipiente y modernizada, pero que a su vez seguía demandando sus roles internos en el espacio doméstico, precarizando así más y más su calidad y condiciones de vida como también su desarrollo intelectual.

El sólo hecho de hablar de “labor” en cuanto al trabajo realizado por la mujer y “trabajo” para las actividades productivas del hombre nos cuenta mucho acerca de esa diferencia.

Hoy por hoy en pleno siglo XXI, seguimos luchando por visibilizar esas asimetrías en una sociedad post-industrial, post-humanista, donde las mujeres somos productoras y proveedoras a su vez, donde la educación, la reflexión y el intercambio nos fueron abriendo cada vez más los ojos para poder entender cómo las nuevas formas de vida nos fueron postergando a nosotras mismas como seres autónomos en igualdad de derechos, así como también coartando ciertas expresiones humanas reprimidas en los propios hombres a causa de la cultura del machismo.

Hasta que no podamos comprender que el feminismo no sólo favorecerá a las mujeres, deberemos seguir adelante.

Felicidades por este día de lucha, que termine pronto y se recuerde siempre.

Los rostros del olvido

F6CEC489-8547-490C-86C0-37395BCE518ALos rostros del olvido

por Melina Pekholtz

Las comunidades indígenas son las raíces del territorio paraguayo. Son la cultura misma, viva y viviente de la tierra que las contiene.
Su cosmovisión diversa y plural dio origen a todo el universo aborigen en este suelo: a las primeras palabras, a los primeros nombres.
Paradójicamente, estas comunidades están aisladas de la sociedad y no se insertan, porque el sistema dominante las apartan y las mutilan lentamente.
Los rostros de los Makas nos cuentan las historias escondidas en lo más profundo de la tierra, historias que podremos escuchar, compartir y aprehender.
Sólo ellos con sus vidas nos llevan hasta ese universo paralelo, a ese otro tiempo, lejos del sistema que consumimos y que a su vez nos devora a nosotros mismos.
Observar sus expresiones, sus facciones y explorar así sus miradas, es viajar a lo más hondo de su existencia, a dónde estos retratos nos transportan y nos iluminan para entender que la vida es más que una circunstancia.
Esta selección de piezas, nada fortuita, nos presenta cada rostro como un destino. Porque así es su existencia en la tierra que los originó y a su vez los marginó.
En cada semblante se descubre la búsqueda del fotógrafo que nos revela cada una de las miradas; esos ojos,
Cansados, Desorientados, Abrumados, Felices, Sorprendidos, Serenos, Desesperanzados, Inocentes,
y por sobre todo urgentes.
Urgentes…
Urgentes de ser relevados, de ser transmitidos,
de ser apreciados,
de ser comprendidos,
de ser conocidos,
y por sobre todo de ser reconocidos.
Necesitamos cada una de sus particularidades, de sus designios,
de su visión del ciclo,
de sus mitos,
de sus ritos y conjuros,
y por sobre todo de su existencia, que no es otra que la de la humanidad entera.
Y es así que estos retratos los descubren y a su vez nos sorprenden a nosotros mismos. Cada ser humano se encuentra entre la tierra y el cielo, entre el polvo y el aire.
Nuestro encuentro con los otros se dá en ese mismo espacio, en esa cosmogonía que nos habita.
El reflejo de la vida misma en sus ojos no es otro que el que brilla en los nuestros cuando los observamos.
Entender que todos somos un todo, es la suprema visión de ese cosmos. Infinito y eterno, somos ellos.

Fotografias de Kristian Mauri, comunidad Maka.

Espacio público y genero en Asunción

Espacio público y genero en Asunción

Condicionamiento de la equidad en el uso del espacio urbano.

Por Melina Pekholtz 

Si observáramos el uso del espacio urbano podríamos llegar a tener unas pistas de cómo ello refleja la visión que tenemos de la sociedad en la que vivimos.

El espacio público asunceno se encuentra masculinizado, marginando a las mujeres a usarlos como espacio de tránsito más que de permanencia o de actividad.

La conformación del espacio y su planificación es la directa relación que tenemos con los valores según los cuales vivimos y en Asunción esa traducción es muy veraz.

Los espacios de uso de las plazas están colonizados por canchas que muchas veces ocupan el mayor porcentaje de la superficie de las mismas.

La falta de una correcta iluminación, de sanitarios públicos en condiciones, la precaria accesibilidad, la carencia de amplitud necesaria para las visuales hacen que estos espacios no sólo sean poco amigables con las mujeres sino que muchas veces sean hasta evitados.

Siempre se acentuó el espacio público como el lugar en el cuál la mujer expone su vulnerabilidad ante los posibles ataques corporales o el acoso verbal, intimidadas con las miradas de los hombres e incluso posibles comentarios de los allí presentes.

La lucha feminista en algún sentido estuvo dirigiendo sus esfuerzos en el sentido contrario al enfatizar el acoso y la necesidad de seguridad ya que todo esto acrecienta la idea de protección necesaria y torna aún más reticente el uso del espacio público.

Confinando nuevamente a las mujeres al uso del espacio privado, mayormente doméstico que es justamente donde la mayor violencia es ejercida hacia ellas, exagerando estas situaciones para continuar su marginación del espacio público así como de toda la esfera del ámbito público-social.

Se refuerza de esta manera la perspectiva paternalista de la inseguridad en las calles y debemos dejar de asumir como neutral ciertos espacios y situaciones que no colaboran con la presencia femenina en las distintas esferas y comenzar a dimensionar cuán perjudicial ha sido para la sociedad la invisibilización de las mujeres en el ámbito público. Esto no sólo es responsabilidad de individuos particulares sino del Estado.

Es sumamente necesario repensar la planificación del espacio urbano desde otras perspectivas que puedan ser más propositivas en cuanto a la inclusión, generando interacción entre grupos diversos promoviendo así la heterogeneidad étnica y social.

Crear al margen, los rostros de la autogestión

Los rostros de la autogestión.

Por Fernando Colmán.

“Se debe abrir una escena, en la que la sociedad actúe, y se represente” Ticio Escobar, 2011

Luego de la caída de la Dictadura en Paraguay (1989), la escena artística ha vivido transformaciones que la han llevado a un proceso híbrido de creación[7], el ambiente artístico local que anteriormente estaba dividido entre artistas detractores y aduladores del régimen, tuvo que lidiar con los avances que la modernidad requería, sin centros de formación en artes, y escasas iniciativas estatales, se disparó un proceso de creación híbrido, hasta la aparición del Grupo Arte Nuevo en 1954. En lo académico, la fundación del Instituto Superior de Arte (1996), menguó la necesidad de contar con un espacio de formación. en la actualidad, resulta ser prácticamente el único lugar en el cual se puede aproximar el desarrollo de pensamiento crítico. Pero, aunque los intentos por parte de esta institución sean loables, la necesidad es aún mayor.

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“Diametral”, de Bruno Duque y Tatiane Mendes, en colaboración con Taiwán. Costanera de Asunción, Festival Temporal. Fotografía de Sandra Dinnendahl (2017)

La escena en la cual me desenvuelvo, está compuesta en gran parte por gestores, artistas y estudiantes de arte que trabajan desde el margen de actividades oficiales, de los escasos centros de legitimación artística que tiene Paraguay.
Entre las acciones propuestas—por citar algunas—, por parte de gestores culturales independientes, se encuentran el Festival Temporal, Confluencias de Arte y la muestra Anatografías: Una exhibición oscura[1], realizada en un espacio alquilado (La Caosfera, en el centro asunceno) fueron organizadas por Sandra Dinnendahl López (Esedele). En las tres ocasiones, la convocatoria fue abierta, en algunos casos variando el proceso de selección. En el caso de los dos primeros eventos mencionados, cabe destacar, que ambos fueron desarrollados en espacios públicos.

Desde los centros de formación,como el Instituto Superior de Artes de la Universidad Nacional de Asunción, también se han generado espacios de creación colectiva autogestionada, como la reciente creación del Taller de Moreno, desde el cual proyectan en la actualidad la muestra Corpus Dixit[2], un manifiesto por parte de este cuerpo de estudiantes a proyectarse como artistas a futuro, con las mutaciones e implicancias que el trayecto requiere. Se encuentra compuesto por Joaquín Velázquez, Belén Rodríguez, Tim MiRaquel, Fátima Barúa, Ariana Gómez, Natalia Daniela, Cecilia Avati, Francisco Portillo y el acompañamiento del reconocido artista local Carlos Almeida.
Atendiendo a la escasa posibilidad de contar con espacios de producción en el país, este tipo de iniciativas representan una alternativa que mantiene la dinámica de circulación de lo que la acción artística significa.

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El taller de Moreno, taller y espacio de muestras colectivas, autogestionado.

La Fundación Adriana Moura, un emprendimiento autogestionado desde el sector privado, se estableció en el país, con acciones sin fines de lucro, autonomía administrativa y financiera. Ha sido la encargada de crear redes, circuitos y convenios con organismos dedicados a la promoción y gestión artística y cultural del escenario local, con la intención de dinamizar actividades dentro de este campo, así como también en el diseño de indumentaria. Fue la encargada en el año 2017 de la organización de la muestra Mujer Artista Resista, en el Teatro Edda de los Ríos, curada por Talyta Gomes Da Silva. Tal como lo menciona el texto promocional de la fundación: “algunas mujeres se constituyen como forma de resistencia”.[3] La muestra tuvo como intención, visibilizar las particularidades de las vivencias femeninas, a través de diferentes medios transformados en experiencia estética desde el gesto íntimo.

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Muestra “Mujer Artista Resista”

 

 

 

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Integrado por: Veronica Díaz de Vivar, Mauricio Paiva, Salma Abraham y Leonardo Mendez.

En la gran variedad de propuestas, existen otras que no pudieron ser mencionadas. Considero a modo de conclusión, que el poder generar soporte al margen de acciones oficiales desde la alteridad, es una opción favorable que puede llevarnos a un trabajo colectivo y de mayor productividad. Asumir el compromiso de exploración y formación crítica, es necesario, así como también identificar primeramente los rostros, de quienes con un esfuerzo intentan que los muros de esta gran prisión se resquebrajen [6].

[1] Las tres convocatorias pueden encontrarse en Facebook, en los siguientes enlaces. Festival Temporal: https://www.facebook.com/FestivalTemporal/ , Festival Clonfluencias de Arte: https://www.facebook.com/confluenciasdearte/, Anatografías: Una exhibición oscura. https://www.facebook.com/events/511291999219272/
[2] Se puede obtener más información en la fan page: http://www.facebook.com/eltallerdemoreno
[3] El guión curatorial de la muestra, puede verse en este enlace: http://bit.ly/2IsM8K1
[4] http://www.oxigenoferiadearte.com
[5] The Society Paraguay: Nuestro país está en un momento de gran evolución arquitectónica. http://bit.ly/2tYlUMt
[6] Cita a la frase: “Paraguay sigue siendo una gran cárcel” , del director de cine, Marcelo Martinessi. [7] “idea desarrollada en la clase de Teoría del Arte III, a cargo del prof. Mgs. Félix Cardozo”.

Mercado Caleidoscopico

1FFC2D0F-B9BA-4F58-A221-F9CD28C004DBMercado Caleidoscopico

por Melina Pekholtz 

La geografía urbana asuncena se conforma más por los lugares que generan un conglomerado de gente unida por intereses o circunstancias comunes que por un paisaje urbano diseñado, planificado o generado orgánicamente por situaciones territoriales particulares. Sólo entendiendo esto podremos acercarnos a observar el microcosmos que vive cada uno de sus habitantes en sus vidas cotidianas.
El Mercado 4 podría enunciarse como uno de los principales conglomerados de la ciudad. Con sus mercaderes, que entre sus ofertas en guaraní nos regalan casi una canción, se van acomodando debajo de unos toldos de lona tensados que ofrecen su sombra y se van superponiendo unos con otros creando un túnel de retazos que se extiende más allá de nuestro horizonte.
Encima de alguna caja de manzanas, esperan; acaso a nosotros, los consumidores o a la vida misma que es la que ven pasar día tras día, sabiendo que el único futuro es el de ayer, que a su vez es el mismo de hoy y el de mañana también. Sus ojos cargados de resignaciones, nos muestran un presente eterno, casi comprimido en un sólo instante.
Escudriñar por sus pasillos, buscar esa otra mirada que nos busca desesperadamente a través de sus mercaderías, dar con esos ojos que entre una mirada y otra nos preguntan qué estamos buscando en ese ahora ya vasto universo en el que nos adentramos. Fundirnos en estas contemplaciones es observar un caleidoscopio, que repite una y otra vez las mismas imágenes que observa hasta el hartazgo, hasta dejarnos abrumados por tanta superposición y a su vez despojándonos de todas y cada una de nuestras certezas.
Repentinamente nos perdemos en los reflejos de todas las imágenes que a fin de cuentas son una sóla, pero que al estar desdoblada en tantas repeticiones, nos cuestiona y nos hace dudar de qué estamos haciendo ahí, porqué elegimos estar ahí, con la adrenalina que implica estar en un lugar que es de todos y a la vez de nadie.
Si seguimos urgando, recorriendo los laberintos que se generan en su recorrido, que si bien a algunos visitantes les puede resultar fascinante, quizás nada tienen de revelador para sus habitantes cotidianos tanto caos, tanta desidia, tanta desesperanza.
Atravesamos un túnel de aromas a hierbas medicinales que nos conduce a refrigeradores antiguos que chorrean sangre y nos ofrecen una fresca cabeza de cerdo. Al lado se encuentra un puesto tecnicolor de frutas y verduras de todo tipo, que se exhibe como un abanico, que ofertan en cantidad.
Todo, absolutamente todo, se vuelve negociable en los pasillos de nuestro Mercado 4, hasta la dignidad; por docena, sale más barata.
Y recién cuando finalmente desaparecemos de este universo, nos damos cuenta que quizás hayamos dejado nuestros más profundos pensamientos en sus pasillos, entre verduras frescas y trozos de carne que todavía evocan la vida, la misma que nos convocó a ese espacio tan infinito como efímero.

Fotografía: Mónica Matiauda ©️

Acerca del concurso del proyecto para el BNF

7B0B89F7-30B0-4A6D-B0F4-0907C6FCDD22Acerca del concurso del
proyecto para el BNF

Por Arq. Rossana Del Pino Sapena

“Llegará un día – muy pronto quizás – en que se reconozca lo que falta a nuestras ciudades: lugares silenciosos (…) para la meditación; lugares con elevadas e largas galerías para los días de lluvia y sol, a los cuales no lleguen el ruido de los coches ni los pregones de los mercaderes; (…) algo que expresara lo que tiene de sublime la meditación y el alejamiento del mundo”.

Friederich Nietzsche

 

Con este aforismo denominado Arquitectura para los que buscan el conocimiento, queremos exponer ciertos puntos que nos parecen pertinentes para aproximarnos a la arquitectura como disciplina que nos exige una postura crítica en relación al proyecto, así como un constante estudio de sus nuevas agendas y perspectivas, desestabilizando las creencias y los enunciados que poseemos como verdades absolutas.

En su libro “Técnica y Arquitectura en la Ciudad Contemporánea”, Iñaki Ávalos va a exponer las diversas transformaciones que los edificios en altura pasaron desde la arquitectura moderna hasta algunas materializaciones contemporáneas. Así mismo, nos muestra como la arquitectura es capaz de revelar, por medio de su materialidad e inserción en el tejido urbano, los cambios fundamentales del pensamiento de su tiempo, la adaptabilidad a nuevas técnicas y factores climáticos, los cambios espaciales internos, sus relaciones con el exterior, factores económicos, entre otros.
El impacto de un edificio dentro de cualquier tejido urbano es grandioso, ya sea por su masa – la cual ahora hace parte del horizonte de la ciudad – como por sus cambios en el entorno inmediato alterando la densidad, movimiento, transporte, nuevos usos y dinámicas. Desde este punto de vista, un nuevo edificio ocasiona una perturbación en el lugar donde se insiere, siendo el mayor reto el de crear una posible coexistencia entre el nuevo programa y el lugar donde se arraiga.

En relación al proyecto del Concurso del Banco de Fomento, creo que habríamos que hacernos algunas preguntas en relación a la ciudad que queremos, pensando en las repercusiones que una nueva intervención pueda ocasionar a largo plazo. En relación al centro histórico de Asunción, ¿pretendemos que este sea entumecido, intentando erguirse con lo que queda del él, en medio de un sistema de transporte urbano contaminador e ineficaz? ¿Pretendemos un centro urbano donde puedan darse superposiciones, coexistiendo lo nuevo y lo viejo, posibilitando una mayor densidad y nuevas apropiaciones principalmente para quien transita a pie? ¿Qué ciudad estamos buscando y qué ciudad queremos dejar para el futuro?
En el proyecto ganador para el concurso existe una clara intención de entender la propuesta como una nueva superposición en la ciudad existente, dentro de un contexto delicado por sus variables y su dinámica urbana. El edificio se materializa por medio de piezas sólidas y vacías, las cuales acotan y definen vistas lejanas, así como establecen relaciones con los marcos simbólicos y el propio trazado de la ciudad. Estas piezas se someten a un proceso de rotación, dotando de luz y aire al edificio patrimonial a nivel de calle, evitando establecer una pared colosal que sofoque al edificio preexistente. La propuesta busca ocupar lo mínimo posible el suelo ganando densidad en altura. De esta manera se otorga a la ciudad un espacio público o plaza pasante que ingrese a la propuesta, permitiendo un franco acceso a los nuevos programas y al edificio patrimonial, transformado ahora en espacio cultural.

El proyecto ha despertado una gran curiosidad y ha levantado una serie de discusiones desde varios estamentos de la sociedad. Esto es alentador, ya que estamos entendiendo que la arquitectura por medio de su materialidad permite testimoniar las transformaciones de una sociedad. Desde esta perspectiva, se hace necesario entonces establecer cuáles son los parámetros de discusión que deberían ser expuestos, evitando juicios de valores estéticos que sitúen la discusión fuera de la esfera de nuestra disciplina, así como gustos personales que son irrelevantes en este espacio de debate. De esta forma podemos construir fundamentos más críticos y asertivos sobre nuestro compromiso como arquitectos y pensadores de nuestras ciudades. Y quizás un día también, podamos aproximarnos al silencio y al alejamiento del mundo enunciado por Nietzsche y desde esta condición transponer la mirada más allá, a aquella ciudad que queremos para el futuro.