Espacios públicos tecnocapitalistas en el medioevo paraguayo

Espacios públicos tecnocapitalistas en el medioevo paraguayo

Por Melina Pekholtz 

“Los espacios de encuentro que proponen los centros comerciales en Paraguay, son usados como espacios públicos debido a la falta de espacios urbanos, a la mala conservación de los existentes, a la carencia de infraestructura necesaria en los mismos, y a una intención de atracción consumista que pretende homogeneizar a todos sus usuarios.”

Nos encontramos en patios de comida y galerías de estos centros comerciales con personas que se autoconvocan a estos espacios, espacios que según la definición de Marc Augè (antropólogo francés especializado en etnología) tienen las características de “no-lugares”.

“Un “no-lugar” es un espacio de transitoriedad que no tiene suficiente importancia para ser considerado
como “lugar”, no personaliza ni aporta a la identidad porque no es fácil interiorizar sus aspectos o
componentes, y en ellos la relación o comunicación es más artificial.”

Lo interesante es que estos espacios proponen una pseudo-apertura bajo sus normas de consumo.
Cualquier persona al acceder a su infraestructura adquiere el estatus de potencial consumidor y mientras
se mantenga ese estatus, sin alterar el potencial de consumo de las demás personas con las que se dará
una posible interacción en ese espacio, todo estará bajo control.
Por otro lado, los dispositivos de control, tanto las cámaras de circuitos cerrados, como los guardias de seguridad, las alarmas contra robos, contra incendios y el control social de lo “homogéneo”, de lo que representa “estar en el centro comercial”; nos vende una imagen de la burbuja de alegría y satisfacción que pretende generar empatía con el público consumidor del que se está sirviendo para sostener a toda esta infraestructura y esta ficción. Esto no sería tan irónico si no existiera una comunicación intencionadamente dirigida a esbozar un torpe intento de inclusión, con quién sabe qué concepto de diversidad, además amplificada y promocionada en
medios de comunicación y todo tipo de redes sociales justamente luego de que otro centro comercial haya sido protagonista de un episodio de violenta discriminación.

Después de estos acontecimientos, de las denuncias por redes sociales y las noticias en los medios de comunicación, es notable estar asistiendo a una fiebre de todo tipo de fobias, de violencia verbal y emocional que convergen esta vez al “no-lugar” de todos los “no-lugares” de las redes sociales, con la careta del anonimato de perfiles falsos o lo que en algunos casos es peor; con perfiles abiertos y sin escatimar vergüenza ante el paupérrimo nivel de los comentarios. Surgen así comentarios enviados desde algún túnel del tiempo de las hogueras medievales, con citas bíblicas de por medio y recurriendo al nombre de Dios para argumentar y defender la discriminación.

Paraguay, el país más católico de América Latina2, se manifiesta de esta manera ante un beso, ante una persona distinta, ante dos personas que se agarran de la mano.

La dignidad no necesita un determinado espacio para ejercerse. Aunque sea un lugar privado, no puede restar dignidad a ninguno de los seres humanos que esté en ese espacio, simplemente por una cuestión de humanidad.
Los espacios públicos son los únicos que pueden otorgar equidad en una sociedad con una brecha social tan desgarradoramente polarizada. La tolerancia es una herramienta a desarrollar para poder avanzar
colectivamente hacia una sociedad más plural e integradora.
1 Los no lugares. Espacios del Anonimato. Marc Augè. 1993 2 Pew Research Center. 2014

S.O.S.tenibilidad

6 minutos de lectura

Por Horacio Cherniavsky 

S.O.S.tenibilidad

Si hay un tema que está colmatando las conversaciones y los debates en los estratos profesionales y académicos es la sostenibilidad. Pero lejos de una tendencia estilística o una certificación, el concepto se expande bien lejos de la esfera constructiva y arquitectónica. En esencia, es la manera en la que utilizamos, distribuimos y producimos los recursos, tanto naturales como artificiales. Desde nuestra alimentación hasta la energía requerida para nuestro traslado dentro del entorno en el que vivimos, el manejo de los recursos puede impactar con mayor o menor intensidad a nuestro entorno cercano, y en última instancia, el medioambiente a nivel global. Si bien la industria de la construcción es la responsable de una alarmante cantidad de emisión de gases de efecto invernadero, nuestro impacto va mucho más lejos que nuestro quehacer profesional.

Es evidente que con el constante crecimiento demográfico a nivel mundial resulta imposible frenar la supernova constructiva y productiva. Lo que sí nos urge hacer es reconsiderar todo lo que estamos construyendo y produciendo. Si la paradoja de nuestro habitar es destruir para construir, se vuelve inevitable la reflexión crítica de lo que hacemos. La productividad solía ser un medio, pero hoy vemos que es un fin en sí mismo. Ricardo Sargiottidijo “la casa más ecológica es la que no se hace”. Mucha razón tiene esta máxima, sobre todo cuando caemos en la cuenta que la construcción actual se acomete casi exclusivamente al provecho económico. Los nuevos edificios se conciben como poco más que instalaciones financieras, un dato más en las hojas del balance económico, y es esta búsqueda del beneficio la que determina su forma, su calidad y su rendimiento. Cualquier gesto o intento que no esté directamente relacionado con la obtención de beneficios visibles a corto plazo amenaza a los promotores con el riesgo de que su emprendimiento sea menos competitivo y, por ende, más vulnerable a los caprichos y vaivenes del mercado. Esta línea de pensamiento no ofrece incentivo alguno para iniciativas artesanales o ecológicas, que, por lo general,rinden a mediano y largo plazo.

Está claro que los avances tecnológicos han creado alternativas en la producción de energía, en materiales y sistemas de construcción y ensamblaje. El problema en sí no es la tecnología, sino cómo la utilizamos. El plástico, por ejemplo, es un material extremadamente eficiente, tanto en la producción como en su versatilidad de aplicaciones. El problema radica en el [poco] uso que le damos en comparación a su larga vida útil como material no biodegradable. Asimismo, las tecnologías de punta nos pueden ofrecer soluciones adecuadas para ciertas situaciones, como los paneles solares en zonas rurales o regiones donde la producción de energía eléctrica se realiza mediante recursos no renovables. Caemos en errados silogismos cuando prima la sola imagen de estos sistemas sobre su acertada aplicación, y la huella ecológica de la producción, el traslado y la puesta en obra sobrepasa ampliamente la utilización de sistemas más convencionales, aprovechando la energía limpia local, si fuese el caso.

 

Hay técnicas que no requieren de tecnología avanzada, que son de milenaria tradición, que impactan de manera positiva al confort térmico de los usuarios y sólo requieren de un diseño bien pensado. La ventilación cruzada, la utilización de aguas pluviales, el correcto asoleamiento y disposición de los espacios según la orientación y su función, la administración de recursos locales, como los materiales y la mano de obra, son todos ejemplos de un diseño considerado y sensible al entorno. El respeto a las preexistencias, tanto naturales como artificiales, forma parte de la serie de criterios previos al proyecto. La integración de la vegetación existente debería ser algo ineludible, un requerimiento básico a la hora de encarar el proyecto de arquitectura, ya que una construcción no tiene por qué sacrificar los elementos naturales que le preceden. La inclusión de vegetación en los espacios no solamente aumenta el bienestar de los usuarios a nivel psicológico sino que mejora la calidad del aire y el microclima inmediato.

Todos estos gestos e intenciones nada tienen que ver con la adquisición de nuevos materiales, la implementación de nuevas tecnologías, ni de complicados mecanismos de gestión de obras. Son, en esencia, estrategias que aprovechan las potencialidades de cada lugar. Esto, por supuesto, tampoco debería significarsobrecostos de obra. Ninguno de los criterios mencionados anteriormente supone un esfuerzo tecnológico ni monetario. Solamente un esfuerzo intelectual.

Es de vital importancia entender la extracción y la producción de cada material para poder utilizarlo de la manera más conveniente en cada proyecto. La madera, aparte de ser un material orgánico renovable, es uno de los pocos materiales utilizados en la construcción (sino el único) que crece con la energía solar y genera oxígeno durante su producción. La aplicación de la madera en la arquitectura se remonta a cuando salimos de las cavernas, y su uso sigue más vigente y más apropiado que nunca. Mediante la tecnología logramos mejorar su resistencia y sus propiedades físicas, pero el material sigue siendo, en esencia, el mismo. La tierra, utilizada en muros tapiales, ladrillos de adobe, o en bloques de tierra compactada (BTC), mezclado en ciertos casos con un porcentaje ínfimo de cemento o cal, ni siquiera pasa por la industria, ya que funciona perfectamente como materia prima. Lo interesante de esta técnica milenaria es que hoy, con el desarrollo de herramientas de compactación, como los pisones neumáticos, es posible mejorar los procesos constructivos, volviéndolos más eficientes y a su vez, aumentando la capacidad mecánica del propio material.

Los techos verdes tampoco son novedad. Aplicados de distintas maneras y sobre distintos materiales, la cubiertas vegetales representan una herencia importantísima para regular la temperatura interior, y gracias a los nuevos sistemas de aislación e impermeabilización, su aplicación en climas extremos, de temperaturas elevadas o muy bajas, se vuelve casi una obligación. No nos olvidemos que uno de los problemasurbanos de la construcción es la disminución de superficies absorbentes, problema que se resuelve con la creación de superficies con vegetación, sobre todo cuando estas superficies pueden producir parte de la alimentación, como en el caso de las huertas.

 

La sostenibilidad, como podemos ver, requiere de laeconomía de recursos, principalmente cuando son escasos. No podemos incentivar y aplaudir el uso de sistemas y tecnologías inaccesibles para la mayoría de la población, porque esto significaría que estamos celebrando el uso exclusivo y reducido de algo tan básico y necesario como el correcto funcionamiento de nuestros sistemas de habitar. La economía de recursos se refiere no sólo a la reducción del material y la energía a utilizar, sino del reciclaje y la reutilización de los materiales, y por qué no, de las propias construcciones. La reducción de la energía, los materiales y la construcción ya supone un aporte sustancial, minimizando el impacto de nuestras acciones.

Si algo hemos aprendido con el pasar del tiempo es que las actividades van mutando, y con ello, el escenario de las mismas. Si una edificación puede albergar un solo tipo de función, está condenada a tener fecha de caducidad una vez que la función que se desarrolle ahí se vuelva obsoleta. Por eso la flexibilidad funcional supone un valor agregado importante en la construcción de nuevos espacios, para así poder funcionar por un tiempo casi ilimitado, permitiendo que futuras generaciones los adapten a nuevos y distintos usos.

 

Existe hoy una ferviente necesidad de clasificar, etiquetar, certificar y premiar proyectos según criterios establecidos por las mismas empresas que exigen un porcentaje del costo de la obra para otorgar su prestigiosa distinción. Cabe preguntarse si las construcciones vernaculares, de sabiduría ancestral, hechas con lo justo y necesario, aprovechando los materiales locales y la mano de obra de la propia comunidad, llevan semejantes distinciones, ¿o ni siquiera sirven de ejemplo en el correcto y respetuoso manejo de los recursos? Habría que analizar si la huella ecológica del frenesí tecnológico compensa con su vida útil, en comparación a técnicas más artesanales y low tech, más asequibles y fáciles de implementar, que han superado la prueba del tiempo por su eficiencia y pertinencia. En ciertas regiones la aplicación de nuevas tecnologías resulta ser más apropiada y conveniente que técnicas más rudimentarias, por lo cual enmarcar y encasillar el concepto de sostenibilidad en una sola imagen se vuelve complejo y confuso, por lo cual englobar una definición genérica puede repercutir en respuestas erróneas y hasta contradictorias. El raciocinio, la prudencia y la conciencia deberían primar en la toma de decisiones proyectuales para que la sostenibilidad sea algo intrínseco y real en cada obra, y no solamente una imagen o una moda.

Asunción. Ciudad Cartel

Asunción, ciudad cartel

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Por Melina Pekholtz. Fotografías Alejandro Patiño.

“La ciudad, como nuestro medio y ambiente, se da forma a sí misma, y a su vez configura a sus habitantes. La interacción que tienen las personas con el entorno en cual van desarrollando su día a día, sus memorias y sus relaciones dan origen al sentido de pertenencia.”

El paisaje urbano es el crisol en el cual se subliman naturaleza, cultura y sociedad. Este proceso condicionado por la geografía de un determinado territorio y por la acción del hombre, moldea a la ciudad, los lugares y las futuras relaciones que tendrán lugar a partir del encuentro de los habitantes con su espacio, y también entre los diversos habitantes de este conglomerado al que llamamos ciudad.

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Como ciudad joven, Asunción se encuentra en pleno desarrollo de su urbanidad y de su propia identidad. Necesita una construcción del paisaje urbano que pueda generar bienestar común y una puesta en valor social que sólo puede darse resaltando las mejores características de los recursos naturales y patrimoniales.
La degradación actual del paisaje urbano generada por la sobrepoblación de anuncios y publicidad en forma de estimulación visual, acarrea varias transformaciones en el entorno desde el momento de su instalación hasta después de su vida útil.

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Al no estar reglamentada ni pensada de manera articulada, en beneficio de la ciudad y de las personas, la aparición de diversos carteles en los principales ejes de la ciudad, se genera un “continuum” de imágenes comerciales, estáticas, dinámicas, con emisiones de luz y de diversos tamaños.
Este bombardeo de imágenes al que estamos sometidos a través todo tipo de pantallas se translada además a nuestra interacción con la ciudad. Aquí también debemos repartir nuestra concentración de manera mínima para poder lidiar con el tránsito en una urbe ya bastante desordenada y alterada con respecto a las vías de circulación, y en un momento histórico en el cual mucha gente tiene en una mano el volante y en la otra, la pantalla de un teléfono.
Hoy estamos experimentando medios de comunicación incluso mucho más cercanos. Esta migración publicitaria hace que incluso sea innecesario invadir de esta manera el espacio urbano. Es hasta un contrasentido seguir recurriendo a este tipo de estrategias.
La contaminación que se produce de esta manera no afecta solamente al contexto urbano, afecta también a la calidad de vida de las personas expuestas a esta agresión, sometiendo a un estrés y cansancio que muchas veces no podemos evitar al estar inmersos en el entorno.
En el año 2015, la ciudad fue declarada Capital Verde de Iberoamérica. Esa declaración, que suena como
un atributo casi fortuito, no fue seguida por acciones que realmente puedan tener un impacto que se traduzca a iniciativas para referenciar mejor a la ciudad.
El paisaje natural con el que cuenta la ciudad no está puesto en valor ni hay políticas claras de cómopreservar este entorno. Que los “bienes verdes” no tengan valor de mercado no debería ser
impedimento para no incluirlos dentro de un inventario patrimonial.

Esta “invasión” de carteles y pantallas nos afecta físicamente en el caso de las que emiten luz, además de minimizar las luces de los semáforos alterarando la atención y psicológicamente generando un estrés a través de esta sobreestimulación. Más allá los contenidos, en muchos casos, degradantes.

De esta manera, no tenemos opción de “cambiar de canal”, “saltar el anuncio”, “apagar el dispositivo” o simplemente salir del lugar. Están en el espacio público y nosotros interactuamos de manera impuesta.

La omnipresencia de este tipo de publicidad hace que no podamos controlar esta invasión, y al no poder controlarla, surge la pregunta de si al menos existe alguna forma de regulación que nos proteja tanto a nosotros como al paisaje urbano.

La Avenida Mcal. López está más protegida por haber sido declarada eje paisajístico, pero aún así no dejaron de aparecer carteles de gran formato, estáticos e interactivos, en diversos sectores de la principal avenida de la ciudad.

El caso de la Avenida España, saturada de carteles y pantallas gigantes que ocultan, en muchos casos, características urbanas que representan a la ciudad, atentando incluso contra la identidad urbana de Asunción. Un ejemplo podría ser el caso de los laboratorios de la Farmacia Catedral. El pórtico de acceso de hormigón armado, “la cajita” de control de seguridad colgante, con el entorno de jardín que hace de atrio al edificio, una obra icónica en este eje, que ya apenas puede ser visto.

La brecha que tendría que existir entre la Avenida Eusebio Ayala y las Avenidas España y Mcal. López es cada vez menor.
Esta especie de carta blanca para cualquier cosa nos ubica en medio del caos, que revela que no existen medidas que protejan a la ciudad, a su identidad, y a sus habitantes, y que nos pueda dar una mejor calidad de vida. No se puede cambiar por dinero las cosas que afectan directamente a nuestro bienestar como comunidad, así como también a nuestra seguridad, a nuestra salud física y psicológica.

Las calles, con sus correspondientes aceras, son el espacio público por excelencia de la ciudad. La construcción de la ciudad depende en gran medida de la calidad del espacio público. Las calles y avenidas de una ciudad como Asunción deberían ser pensadas como arterias que puedan conectar espacios urbanos relevantes y colaborar de alguna manera a poner en valor el escaso espacio público de calidad existente.

Debemos pensar en cómo hacerlas más amigables; sobre todo con el peatón, bastante castigado ya por la condición y las dimensiones en que se encuentran las aceras, la falta de infraestructura (afectando de una manera más dramática los días de lluvia), las temperaturas extremas y la falta de solución a una conjunción de factores que hacen que la ciudad sea cada vez más hostil con todos los que la habitamos.

Se debería además incorporar equipamiento urbano que permita al peatón disponer de lugares de apropiación, generar todo tipo de sombras, tanto con vegetación como con otros dispositivos, y conectar espacios que pongan en valor tanto a la ciudad como a los ciudadanos.

Tomar consciencia de esta degradación y depredación urbana a la que está sometida la ciudad y nosotros mismos, es un primer paso para poder pensar y actuar. Claramente hoy no contamos con una correcta planificación para procurar el bien común, y esto nos revela una cierta voluntad de liberar el espacio para el avance de intereses cada vez más sectoriales, que en este caso, por los nuevos medios y estrategias de comunicación, sean hasta de dudosos efectos para esos mismos intereses.

¿Por que viajamos? o la importancia de la experiencia

6 minutos de lectura

¿Por qué viajamos? O la importancia de la experiencia.

por Horacio Cherniavsky 

Es posible pensar de nuestras vidas como un perpetuo proceso. Somos la acumulación de experiencias vividas y aprendizajes adquiridos en el transcurso del espacio-tiempo. Sería un error, entonces, pensar en uno mismo como algo autónomo, estático, consolidado, finito. Nuestra percepción sobre nosotros mismos varía con el tiempo y somos capaces de ir construyendo nuestra propia historia. ¿O es la historia la que nos construye a nosotros? Pues, ambos. La respuesta práctica a esta dualidad yace en el significado del diseño ontológico que dice que lo que diseñamos nos diseña. Es una interacción colaborativa. Ahí reside la importancia de la arquitectura como articuladora de una cultura, una sociedad y en última instancia de una civilización. Es nuestro entorno el que rige como vivimos, como nos sentimos, como percibimosal mundo. Asimismo, somos nosotros los que construimos ese entorno.

La curiosidad y el deseo de la novedad son sentimientos inextricables a la naturaleza humana. Evolutivamente hablando, éstas fueron piezas fundamentales para el desarrollo de nuestra especie. Lo nuevo representa el cambio, la modificación de lo existente, y en ciertos casos, el progreso. La creación produce la novedad, y la novedad promueve la creación. La capacidad de crear, entonces, tiene su origen en la necesidad de transformar para habitar. Parafraseando a Heidegger, “al habitar llegamos solamente por medio del construir”. Y la construcción, que en esencia es transformación, es un proceso colectivo. Construimos loslenguajes, las costumbres, las ciudades, las culturas, las ficciones que nos organizan y determinan nuestras vidas.

Exponernos a entornos no familiares nos obliga a modificar los procesos mentales habituales y cotidianos. Al encontrarnos fuera de nuestros patrones de comportamiento diario, alias rutina, abrimos una ventana hacia la reprogramación de nuestra manera de ver el mundo, y por ende, de cómo nos vemos a nosotros mismos. Descubrir nuevos paisajes, espacios, personas, ideas, es aprender de ellos. Hay demasiada información en el modo de habitar de cada lugar. Esto nos permite elaborar una mirada crítica sobre la situación actual de nuestro propio entorno, sobre todo cuando vamos acumulando destinos. En esta constante búsqueda de lo nuevo es que nos encontramos con el descubrimiento, que lo convertimos en aprendizaje.

Estos aprendizajes luego forman parte de nuestra capacidad creativa. En inglés el término “awe” se refiere al sentimiento de sobrecogimiento y asombro que se experimenta en un momento de expansión perceptiva, de tal magnitud, que reconfigura nuestros modelos estructurales de la realidad. Dentro de nuestra susceptibilidad perceptiva de los viajes, nos sumergimos en esa sublimación poética, en la intensificación de la experiencia del presente, en una suerte de éxtasis.

Éxtasis, que en su raíz etimológica significa desplazarse, desviarse, es en esencia la acción de estar fuera de sí (ek, ex – stasis, estático, estanco). Algo tan cotidiano, común y corriente, se vuelve algo único, excéntrico, exótico, innovador, sin precedentes para nosotros. El frío y húmedo recibimiento de una catedral gótica, los olores que brotan de las cocinas en las calles de la ciudad medieval, el sabor de cada plato típico, la música que se ejecuta en el espacio público. Percepciones que muchas veces los propios habitantes del lugar dan por sentado, ya que forman parte de su cotidiano. Cuanta sensibilidad perceptiva sentimos al entregarnos por completo al profundo abismo de la conciencia. Pareciera que dentro de nuestra rutina diaria hay poco espacio para experiencias trascendentales y son justamente estos fragmentos vividos los que encienden el fuego de la voluntad creativa.

Los viajes, al descontextualizarnos del cotidiano y alejarnos de preconceptos y familiaridades, nos prestan nuevas lentes para ver la realidad. Conectarnos a esta diversidad hace que nos preguntemos sobre nuestro concepto de la verdad. Aquí nace lo que denominamos “perspectivas” que son las distintas representaciones con las que vemos la realidad. Es más importante, según Alain de Botton, la mentalidad con la que viajamos que el propio destino al que vamos. Está claro, entonces, que todo lugar posee información y particularidades de las cuales nos podemos enriquecer. No existen mejores o peores destinos. Cada rincón del universo esconde infinitos secretos esperando a ser revelados.

En ciertos momentos de la historia, como en ciertos lugares en la actualidad, viajar para ver arquitectura era la única manera de aprender de lo que ya se había hecho. Este peregrinaje instructivo era el único canal de aprendizaje previo a los libros e internet. Por supuesto, los viajes se volvieron cada vez más accesibles y se convirtieron en tarea pendiente de arquitectos en proceso de formación. Si bien los focos de interés arquitectónico se van polarizando, el Grand Tour europeo sigue siendo un hito en el desarrollo disciplinar.

Desde el viaje a oriente de Le Corbusier (en ese entonces Charles Édouard Jeanneret) hasta la expediciones de Bernard Rudofsky, todo viaje produjo un impacto penetrante que luego se manifestó en el trabajo y la producción de cada uno. Louis Kahn, Frank Lloyd Wright, Alvar Aalto y Jörn Utzon, por dar algunos ejemplos, transformaron su manera de ver la arquitectura luego de reveladores viajes. Tadao Ando confesó que fueron sus viajes los que le enseñaron arquitectura, ya que no tuvo formación académica de la profesión. Es de suma importancia, entonces, reconocer el rol fundamental de los viajes como herramienta de aprendizaje en la formación profesional. Todo lo vivido se convierte en recurso de nuestra propia producción.

Tener presente el motivo de nuestras acciones nos enfoca en la búsqueda de sus resultados. ¿Por qué, entonces, viajamos? Cada uno tendrá un motivo distinto. Se viaja para descubrir, para conocer, para aprender, para evolucionar, para perdernos y cuestionarnos. Solamente cuando nos perdemos es que nos podemos encontrar. Y a veces no se trata de encontrar respuestas, sino de hacernos mejores preguntas.

8M, caminando hacia la igualdad

8M, caminando hacia la igualdad.

por Melina Pekholtz 

El 8 de marzo no es una celebración como tal, es un paro para recordar el asesinato de las trabajadoras textiles de una fábrica en Nueva York, a principios del siglo XX y así reivindicar los derechos por la igualdad.

Muchas veces escuchamos;
-No es la forma, esto no me representa.
Seguramente olvidamos que por mujeres que se manifestaron como nosotras, tuvimos “derecho al voto”.

Las sufragistas no fueron mujeres que pacíficamente salieron a pedir que les dieran esa participación.

El solamente pensar que tenemos que luchar, pedir y requerir “derechos” que tendrían que ser igualitarios o equiparar situaciones asimétricas, ya nos habla de la brecha enorme que existe en cuanto a la igualdad entre los seres humanos.

Históricamente el advenimiento del sedentarismo en las distintas civilizaciones fue generando y conformando el espacio doméstico como espacio propio para la mujer y para prodigar no sólo sus cuidados a todos los miembros de la familia sino a cuidar también el “patrimonio” que se iba generando con el uso exclusivo de la tierra.

Con esta conjunción de patriarcado y patrimonio, la mujer fue desarrollando sus actividades en los límites del espacio doméstico.

Hasta la revolución industrial, la mujer por cuestiones de organización, reproducción y construcción social, estuvo a cargo de todo lo que ocurría en ese espacio intramuros de lo “privado”; por lo tanto sus acciones así como también su imagen estuvo invisibilizada de la espera de lo público.

Con la especialización del trabajo y la ayuda conseguida con el uso de las máquinas (reemplazando ciertas tareas relacionadas con la fuerza) y con ello el avance de una sociedad cada vez más capitalista, la mujer poco a poco fue incorporándose al “mercado laboral” en forma de una nueva esclavitud incipiente y modernizada, pero que a su vez seguía demandando sus roles internos en el espacio doméstico, precarizando así más y más su calidad y condiciones de vida como también su desarrollo intelectual.

El sólo hecho de hablar de “labor” en cuanto al trabajo realizado por la mujer y “trabajo” para las actividades productivas del hombre nos cuenta mucho acerca de esa diferencia.

Hoy por hoy en pleno siglo XXI, seguimos luchando por visibilizar esas asimetrías en una sociedad post-industrial, post-humanista, donde las mujeres somos productoras y proveedoras a su vez, donde la educación, la reflexión y el intercambio nos fueron abriendo cada vez más los ojos para poder entender cómo las nuevas formas de vida nos fueron postergando a nosotras mismas como seres autónomos en igualdad de derechos, así como también coartando ciertas expresiones humanas reprimidas en los propios hombres a causa de la cultura del machismo.

Hasta que no podamos comprender que el feminismo no sólo favorecerá a las mujeres, deberemos seguir adelante.

Felicidades por este día de lucha, que termine pronto y se recuerde siempre.

Los rostros del olvido

F6CEC489-8547-490C-86C0-37395BCE518ALos rostros del olvido

por Melina Pekholtz

Las comunidades indígenas son las raíces del territorio paraguayo. Son la cultura misma, viva y viviente de la tierra que las contiene.
Su cosmovisión diversa y plural dio origen a todo el universo aborigen en este suelo: a las primeras palabras, a los primeros nombres.
Paradójicamente, estas comunidades están aisladas de la sociedad y no se insertan, porque el sistema dominante las apartan y las mutilan lentamente.
Los rostros de los Makas nos cuentan las historias escondidas en lo más profundo de la tierra, historias que podremos escuchar, compartir y aprehender.
Sólo ellos con sus vidas nos llevan hasta ese universo paralelo, a ese otro tiempo, lejos del sistema que consumimos y que a su vez nos devora a nosotros mismos.
Observar sus expresiones, sus facciones y explorar así sus miradas, es viajar a lo más hondo de su existencia, a dónde estos retratos nos transportan y nos iluminan para entender que la vida es más que una circunstancia.
Esta selección de piezas, nada fortuita, nos presenta cada rostro como un destino. Porque así es su existencia en la tierra que los originó y a su vez los marginó.
En cada semblante se descubre la búsqueda del fotógrafo que nos revela cada una de las miradas; esos ojos,
Cansados, Desorientados, Abrumados, Felices, Sorprendidos, Serenos, Desesperanzados, Inocentes,
y por sobre todo urgentes.
Urgentes…
Urgentes de ser relevados, de ser transmitidos,
de ser apreciados,
de ser comprendidos,
de ser conocidos,
y por sobre todo de ser reconocidos.
Necesitamos cada una de sus particularidades, de sus designios,
de su visión del ciclo,
de sus mitos,
de sus ritos y conjuros,
y por sobre todo de su existencia, que no es otra que la de la humanidad entera.
Y es así que estos retratos los descubren y a su vez nos sorprenden a nosotros mismos. Cada ser humano se encuentra entre la tierra y el cielo, entre el polvo y el aire.
Nuestro encuentro con los otros se dá en ese mismo espacio, en esa cosmogonía que nos habita.
El reflejo de la vida misma en sus ojos no es otro que el que brilla en los nuestros cuando los observamos.
Entender que todos somos un todo, es la suprema visión de ese cosmos. Infinito y eterno, somos ellos.

Fotografias de Kristian Mauri, comunidad Maka.

Espacio público y genero en Asunción

Espacio público y genero en Asunción

Condicionamiento de la equidad en el uso del espacio urbano.

Por Melina Pekholtz 

Si observáramos el uso del espacio urbano podríamos llegar a tener unas pistas de cómo ello refleja la visión que tenemos de la sociedad en la que vivimos.

El espacio público asunceno se encuentra masculinizado, marginando a las mujeres a usarlos como espacio de tránsito más que de permanencia o de actividad.

La conformación del espacio y su planificación es la directa relación que tenemos con los valores según los cuales vivimos y en Asunción esa traducción es muy veraz.

Los espacios de uso de las plazas están colonizados por canchas que muchas veces ocupan el mayor porcentaje de la superficie de las mismas.

La falta de una correcta iluminación, de sanitarios públicos en condiciones, la precaria accesibilidad, la carencia de amplitud necesaria para las visuales hacen que estos espacios no sólo sean poco amigables con las mujeres sino que muchas veces sean hasta evitados.

Siempre se acentuó el espacio público como el lugar en el cuál la mujer expone su vulnerabilidad ante los posibles ataques corporales o el acoso verbal, intimidadas con las miradas de los hombres e incluso posibles comentarios de los allí presentes.

La lucha feminista en algún sentido estuvo dirigiendo sus esfuerzos en el sentido contrario al enfatizar el acoso y la necesidad de seguridad ya que todo esto acrecienta la idea de protección necesaria y torna aún más reticente el uso del espacio público.

Confinando nuevamente a las mujeres al uso del espacio privado, mayormente doméstico que es justamente donde la mayor violencia es ejercida hacia ellas, exagerando estas situaciones para continuar su marginación del espacio público así como de toda la esfera del ámbito público-social.

Se refuerza de esta manera la perspectiva paternalista de la inseguridad en las calles y debemos dejar de asumir como neutral ciertos espacios y situaciones que no colaboran con la presencia femenina en las distintas esferas y comenzar a dimensionar cuán perjudicial ha sido para la sociedad la invisibilización de las mujeres en el ámbito público. Esto no sólo es responsabilidad de individuos particulares sino del Estado.

Es sumamente necesario repensar la planificación del espacio urbano desde otras perspectivas que puedan ser más propositivas en cuanto a la inclusión, generando interacción entre grupos diversos promoviendo así la heterogeneidad étnica y social.