Bosque de los artistas/Hermann Guggiari

El Bosque de los artistas

En el cruce de las avenidas España y General Santos, junto a un solar ocupado por una firma comercializadora de automóviles, el arte tiene, desde hace más de un cuarto de siglo un santuario en el que se refugia. Un lugar en el que la belleza preside el paso de las horas, el tránsito fugaz del hombre por la vida. Es un lugar –un templo podría ser, tal vez, una definición más precisa– en el que la naturaleza y la cultura se confunden en un todo confuso y, a la vez, maravilloso, un caos cargado de sentido y poblado de misterio. El sancta sanctorum de este templo, pacientemente edificado por Hermann Guggiari a lo largo de tantos años lo constituye un extraño y gigantesco árbol que levanta su estatura sobre los tejados de las casas y que rodea su tronco de escaleras o deja descolgar de sus ramas extrañas figuras trabajadas en acero y hierro. La materia mineral, modelada por las manos del artista, se encarna así, en forma de cruces, de estrellas o planetoides, en vida vegetal, trastocando, por milagro del arte, las leyes de la naturaleza», decía la crítico de arte Vicky Torres sobre el Bosque de los Artistas (Vicky Torres, Ars Longa, Arandurã, Asunción, 2004).

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