Hornero Roga/OMCM Arquitectos

Hornero Roga

Arquitectos: Matias Ortiz y María Paz Chamorro

Colaboradores: Sofia Rojas y Marcelo Ramirez

Año: 2017

Ubicación: Asunción, Paraguay

Fotografías: Leonardo Mendez y Alejandro Patiño.

Los barrios asuncenos de antaño, tradicionales y por poco atemporales, van siendo alcanzados por el impulso del desarrollo inmobiliario que día tras día busca suministrar opciones a la creciente población urbana. Muchas veces ocurre que el apresurado emprendimiento condena a la arquitectura a un segundo -o tercer- plano de importancia, primando la “practicidad” y los prejuicios de inseguridad muy comunes en el país, que nada bien hacen al imaginario de la sociedad actual. Quisimos que ese no fuese el caso…

La situación presentaba una vivienda de unos 40 años aproximadamente y en condiciones bastante deterioradas que debía reincorporarse a la oferta de inmuebles. La misma ya se encontraba en trabajos de demolición, y sin proyecto arquitectónico a seguir.

El apremio del tiempo nos condujo a realizar un diagnóstico rápido de la situación y a actuar con la misma inercia, mientras elaborábamos una idea en paralelo que pudiese significar -al menos algo- para la ciudad.

Además de modificar la espacialidad según los nuevos requerimientos del comitente y el público en general (Estar, comedor, 3 dormitorios, servicio, etc. etc. condición sin la cual los arquitectos no tendríamos este tipo de trabajos), el proyecto ofrecía el potencial de mejorar su entorno inmediato, inyectando algo de aire nuevo a un barrio olvidado en el tiempo, pero con un gran futuro por delante.

Una esquina… Conformada por la intersección de dos calles, haciendo las veces de “horqueta urbana”, ubicación privilegiada por ofrecer más de una fachada, fue el escenario para la implantación de este proyecto que buscó dar cobijo, protección y calidez a un nuevo hogar, un nuevo -nido- que retornase al ciclo útil de la vivienda en Asunción.

En el afán de encontrarle unidad al entorno urbano fragmentado y caótico desde el punto de vista constructivo, la propuesta consistió en generar un contínuum cerámico por medio de delgadas envolventes perforadas, que, sumadas al tejado también rojizo, pudiesen provocar los sentidos de quienes recorran el lugar, configurando alegóricamente un nido de hornero, ave típica de la región de América del Sur.

El ladrillo cerámico, muy utilizado en Paraguay por su economía, fue convocado una vez más como el protagonista de la intervención, donde albañiles, herreros y carpinteros, cual buenos artesanos de mano de obra paciente y habilidosa, se congregaron en un hacer solidario y fueron capaces de transformar la materia en espacio y dotarla de cualidades inusuales e interesantes para la construcción del repertorio colectivo que caracteriza a la arquitectura paraguaya contemporánea, donde las intervenciones se convierten en verdaderos procesos de experimentación por medio de ensayos, verificaciones y ajustes hasta lograr los resultados esperados.

Una vez terminada la obra, no quedó más que dejar al sol, invitado especial de la arquitectura, permear los espacios y dibujar las estaciones del año, ofreciendo a la familia un festival de luces y sombras que la acompañen durante su vivencia cotidiana.

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