8M, caminando hacia la igualdad

8M, caminando hacia la igualdad.

por Melina Pekholtz 

El 8 de marzo no es una celebración como tal, es un paro para recordar el asesinato de las trabajadoras textiles de una fábrica en Nueva York, a principios del siglo XX y así reivindicar los derechos por la igualdad.

Muchas veces escuchamos;
-No es la forma, esto no me representa.
Seguramente olvidamos que por mujeres que se manifestaron como nosotras, tuvimos “derecho al voto”.

Las sufragistas no fueron mujeres que pacíficamente salieron a pedir que les dieran esa participación.

El solamente pensar que tenemos que luchar, pedir y requerir “derechos” que tendrían que ser igualitarios o equiparar situaciones asimétricas, ya nos habla de la brecha enorme que existe en cuanto a la igualdad entre los seres humanos.

Históricamente el advenimiento del sedentarismo en las distintas civilizaciones fue generando y conformando el espacio doméstico como espacio propio para la mujer y para prodigar no sólo sus cuidados a todos los miembros de la familia sino a cuidar también el “patrimonio” que se iba generando con el uso exclusivo de la tierra.

Con esta conjunción de patriarcado y patrimonio, la mujer fue desarrollando sus actividades en los límites del espacio doméstico.

Hasta la revolución industrial, la mujer por cuestiones de organización, reproducción y construcción social, estuvo a cargo de todo lo que ocurría en ese espacio intramuros de lo “privado”; por lo tanto sus acciones así como también su imagen estuvo invisibilizada de la espera de lo público.

Con la especialización del trabajo y la ayuda conseguida con el uso de las máquinas (reemplazando ciertas tareas relacionadas con la fuerza) y con ello el avance de una sociedad cada vez más capitalista, la mujer poco a poco fue incorporándose al “mercado laboral” en forma de una nueva esclavitud incipiente y modernizada, pero que a su vez seguía demandando sus roles internos en el espacio doméstico, precarizando así más y más su calidad y condiciones de vida como también su desarrollo intelectual.

El sólo hecho de hablar de “labor” en cuanto al trabajo realizado por la mujer y “trabajo” para las actividades productivas del hombre nos cuenta mucho acerca de esa diferencia.

Hoy por hoy en pleno siglo XXI, seguimos luchando por visibilizar esas asimetrías en una sociedad post-industrial, post-humanista, donde las mujeres somos productoras y proveedoras a su vez, donde la educación, la reflexión y el intercambio nos fueron abriendo cada vez más los ojos para poder entender cómo las nuevas formas de vida nos fueron postergando a nosotras mismas como seres autónomos en igualdad de derechos, así como también coartando ciertas expresiones humanas reprimidas en los propios hombres a causa de la cultura del machismo.

Hasta que no podamos comprender que el feminismo no sólo favorecerá a las mujeres, deberemos seguir adelante.

Felicidades por este día de lucha, que termine pronto y se recuerde siempre.

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