Asunción. Ciudad Cartel

Asunción, ciudad cartel

27108F2C-A36C-4E3F-A5B7-385D249F51F2

Por Melina Pekholtz. Fotografías Alejandro Patiño.

“La ciudad, como nuestro medio y ambiente, se da forma a sí misma, y a su vez configura a sus habitantes. La interacción que tienen las personas con el entorno en cual van desarrollando su día a día, sus memorias y sus relaciones dan origen al sentido de pertenencia.”

El paisaje urbano es el crisol en el cual se subliman naturaleza, cultura y sociedad. Este proceso condicionado por la geografía de un determinado territorio y por la acción del hombre, moldea a la ciudad, los lugares y las futuras relaciones que tendrán lugar a partir del encuentro de los habitantes con su espacio, y también entre los diversos habitantes de este conglomerado al que llamamos ciudad.

4C3D000F-E7EC-4AAE-835D-77BEF41A62A0
Como ciudad joven, Asunción se encuentra en pleno desarrollo de su urbanidad y de su propia identidad. Necesita una construcción del paisaje urbano que pueda generar bienestar común y una puesta en valor social que sólo puede darse resaltando las mejores características de los recursos naturales y patrimoniales.
La degradación actual del paisaje urbano generada por la sobrepoblación de anuncios y publicidad en forma de estimulación visual, acarrea varias transformaciones en el entorno desde el momento de su instalación hasta después de su vida útil.

7EF7E5E4-03EF-49F3-8217-9A04514DF0EB
Al no estar reglamentada ni pensada de manera articulada, en beneficio de la ciudad y de las personas, la aparición de diversos carteles en los principales ejes de la ciudad, se genera un “continuum” de imágenes comerciales, estáticas, dinámicas, con emisiones de luz y de diversos tamaños.
Este bombardeo de imágenes al que estamos sometidos a través todo tipo de pantallas se translada además a nuestra interacción con la ciudad. Aquí también debemos repartir nuestra concentración de manera mínima para poder lidiar con el tránsito en una urbe ya bastante desordenada y alterada con respecto a las vías de circulación, y en un momento histórico en el cual mucha gente tiene en una mano el volante y en la otra, la pantalla de un teléfono.
Hoy estamos experimentando medios de comunicación incluso mucho más cercanos. Esta migración publicitaria hace que incluso sea innecesario invadir de esta manera el espacio urbano. Es hasta un contrasentido seguir recurriendo a este tipo de estrategias.
La contaminación que se produce de esta manera no afecta solamente al contexto urbano, afecta también a la calidad de vida de las personas expuestas a esta agresión, sometiendo a un estrés y cansancio que muchas veces no podemos evitar al estar inmersos en el entorno.
En el año 2015, la ciudad fue declarada Capital Verde de Iberoamérica. Esa declaración, que suena como
un atributo casi fortuito, no fue seguida por acciones que realmente puedan tener un impacto que se traduzca a iniciativas para referenciar mejor a la ciudad.
El paisaje natural con el que cuenta la ciudad no está puesto en valor ni hay políticas claras de cómopreservar este entorno. Que los “bienes verdes” no tengan valor de mercado no debería ser
impedimento para no incluirlos dentro de un inventario patrimonial.

Esta “invasión” de carteles y pantallas nos afecta físicamente en el caso de las que emiten luz, además de minimizar las luces de los semáforos alterarando la atención y psicológicamente generando un estrés a través de esta sobreestimulación. Más allá los contenidos, en muchos casos, degradantes.

De esta manera, no tenemos opción de “cambiar de canal”, “saltar el anuncio”, “apagar el dispositivo” o simplemente salir del lugar. Están en el espacio público y nosotros interactuamos de manera impuesta.

La omnipresencia de este tipo de publicidad hace que no podamos controlar esta invasión, y al no poder controlarla, surge la pregunta de si al menos existe alguna forma de regulación que nos proteja tanto a nosotros como al paisaje urbano.

La Avenida Mcal. López está más protegida por haber sido declarada eje paisajístico, pero aún así no dejaron de aparecer carteles de gran formato, estáticos e interactivos, en diversos sectores de la principal avenida de la ciudad.

El caso de la Avenida España, saturada de carteles y pantallas gigantes que ocultan, en muchos casos, características urbanas que representan a la ciudad, atentando incluso contra la identidad urbana de Asunción. Un ejemplo podría ser el caso de los laboratorios de la Farmacia Catedral. El pórtico de acceso de hormigón armado, “la cajita” de control de seguridad colgante, con el entorno de jardín que hace de atrio al edificio, una obra icónica en este eje, que ya apenas puede ser visto.

La brecha que tendría que existir entre la Avenida Eusebio Ayala y las Avenidas España y Mcal. López es cada vez menor.
Esta especie de carta blanca para cualquier cosa nos ubica en medio del caos, que revela que no existen medidas que protejan a la ciudad, a su identidad, y a sus habitantes, y que nos pueda dar una mejor calidad de vida. No se puede cambiar por dinero las cosas que afectan directamente a nuestro bienestar como comunidad, así como también a nuestra seguridad, a nuestra salud física y psicológica.

Las calles, con sus correspondientes aceras, son el espacio público por excelencia de la ciudad. La construcción de la ciudad depende en gran medida de la calidad del espacio público. Las calles y avenidas de una ciudad como Asunción deberían ser pensadas como arterias que puedan conectar espacios urbanos relevantes y colaborar de alguna manera a poner en valor el escaso espacio público de calidad existente.

Debemos pensar en cómo hacerlas más amigables; sobre todo con el peatón, bastante castigado ya por la condición y las dimensiones en que se encuentran las aceras, la falta de infraestructura (afectando de una manera más dramática los días de lluvia), las temperaturas extremas y la falta de solución a una conjunción de factores que hacen que la ciudad sea cada vez más hostil con todos los que la habitamos.

Se debería además incorporar equipamiento urbano que permita al peatón disponer de lugares de apropiación, generar todo tipo de sombras, tanto con vegetación como con otros dispositivos, y conectar espacios que pongan en valor tanto a la ciudad como a los ciudadanos.

Tomar consciencia de esta degradación y depredación urbana a la que está sometida la ciudad y nosotros mismos, es un primer paso para poder pensar y actuar. Claramente hoy no contamos con una correcta planificación para procurar el bien común, y esto nos revela una cierta voluntad de liberar el espacio para el avance de intereses cada vez más sectoriales, que en este caso, por los nuevos medios y estrategias de comunicación, sean hasta de dudosos efectos para esos mismos intereses.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s