La educación no se negocia

Por Verónica Díaz de Vivar 
Aulas en defensa de la dignidad humana, sobre la base de valores como
el diálogo, la escucha, el respeto, la democracia y el reconocimiento a la
diversidad. Comprender que la educación es mucho más que una prueba estandari-
zada, ya que esta clase de pruebas coartan la diferencia, no pueden medir la
creatividad, las destrezas de escritura, la resolución de problemas sociales o
habilidades de pensamiento crítico. Con esta clase de pruebas los diferentes
ritmos de aprendizajes se ajustan a una talla única sin considerar la diversi-
dad de los estudiantes. Políticas educativas que descontaminen a la educación de las manos de la
empresa, políticas hacia una educación que no se limite a informar y adies-
trar para la empresa y el trabajo, que no exagere el culto a la competitividad. La escuela no es una competencia. La realidad de los nuevos tiempos
exige de escuelas donde la diferencia no sea vista con los ojos de las compe-
tencias, sino con los ojos de la dignidad humana. Es hora de una escuela que enseñe a los estudiantes a ser dueños de su palabra, capaces de criticar su realidad y su contexto sin estar mediatizados
por una ideología dominante. Una escuela que posibilite la tarea de transfor-
mar el mundo.
La literatura ha sido más rica que muchas de las explicaciones actuales para
caracterizar la educación y la escuela, y con claridad Eduardo Galeano (2000) nos
recuerda que un hombre del pueblo de Neguá, en la costa colombiana, pudo subir
al alto cielo, y que, al contemplar desde arriba la vida humana, dijo que somos un
mar de fueguitos: «El mundo es eso, un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con la luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales»
La escuela es eso, un mar de fueguitos, fuegos grandes y fuegos chicos, fuegos
de todos los colores, fuegos con dignidad, fuegos con derechos, fuegos pensantes,
fuegos nacidos para convivir y no para competir, fuegos con voces que aclaman
que la escuela se ponga en pie, y no esté más patas arriba, fuegos que sueñan con
que la escuela sea un espacio libre de condicionamientos y de competencias para el mundo económico. Es hora de soñar un mundo en el cual Alicia pueda atravesar al espejo, y encontrar una escuela en pie; en la cual, las competencias no sean el n más importante, sino la dignidad humana; los estudiantes no sean clientes,

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