“Creo en la versatilidad total del arte.” |Entrevista a Fernando Moure

Entrevista a Fernando Moure
Asunción, 23 de enero de 2020 

Por Melina Pekholtz Verónica Díaz de Vivar

Nos acercamos a Fernando Moure, aprovechando su estadía en Paraguay, para conversar acerca de diversas cuestiones artísticas y de la muestran ¡Asunciones!, de la cuál es curador.

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Fernando es curador y crítico de arte. En el año 2005 viaja a Barcelona, con una beca para realizar un Máster en Comisariado en Nuevos Medios y Arte Digital. Luego se traslada a Alemania, a la ciudad de Colonia, en 2009. Allí trabaja como programador audiovisual y es fundador de la huerta urbana “Jardín de Ortigas”, espacio que une naturaleza y arte performático. Ha mantenido siempre un estrecho vínculo con la escena artística local, con las artes visuales y audiovisuales, realizando muestras, programas de cine y escritura.

MP:  Podrías contarnos un poco de tu biografía; ¿cómo te formaste en esto de la crítica y curaduría de arte?

FM: En los años 1981 y 1984 (entre mis doce y diez y seis años) formé parte de la Academia Literaria; se me asignó (curiosamente) el rol de crítico. Mi primera “tarea” fue analizar, muy rudimentariamente, con mis pocas habilidades y juventud extremas la obra del poeta Ricardo Mazó, y que debo decir, me marcó indeleblemente.

Corría el año 1988, cuando comienzo a editar un semanario de cultura y ocio, paralelamente a mis estudios de Derecho que terminaría abandonando años después. Su ambición fue la de integrar la escena cultural y comunicar la agenda de Asunción cada semana, ininterrumpidamente a lo largo de diez años. Nos enfocábamos exclusivamente en las artes visuales, el cine, teatro, danza, y otras áreas de la divulgación cultural. Publicábamos 10.000 ejemplares, los doblábamos a mano y con un plantel de colaboradores los distribuíamos,¡fue épico!. La dictadura se fue, pero eran aún tiempos duros, con muchos prejuicios y limitaciones.

Fui conociendo gente maravillosa y  que me produjo un fuerte impacto. Recuerdo, por ejemplo, a Jesús Ruíz Nestosa, quién trabajaba en ese momento en el Centro Cultural Paraguayo Americano. Entonces yo lo llamaba -eran los tiempos pre-internet y le decía; -Estoy cerrando la edición, necesito saber la agenda cultural de la próxima semana. Él se sentaba, y escribía a máquina, una reseña de Annie Hall de Woody Allen, ¡de 30 líneas!. O Colombino, que nos escribía de puño y letra unos comentarios breves, que como toda su escritura, era polémica y nos ayudó a conquistar audiencias enfocadas en el consumo cultural.

MP: En una sociedad del arte atomizada y resistente a la situación política que atravesaba Paraguay y luego en los primeros años de transición a la democracia, ¿Cómo pudiste formarte profesionalmente?

Mi formación es autodidacta; con todas las carencias pero también ventajas que esto implica. Estudié Historia del Arte en módulos dictados por Livio Abramo, a quién tuve el privilegio de disfrutar durante dos largos años en el Centro de Estudios Brasileros.

Mis primeras referentes, fueron Isabel de Anda que me estimulaba a la apreciación estética e Ysanne Gayet, quien me lleva al Museo del Barro por primera vez en 1986. Más tarde conocería a Ticio Escobar, Livio Abramo, a Bernardo Krasniansky cuando visitaba el Paraguay, al mismo Colombino… Recuerdo el tiempo invertido o que ellos invertían en mi “formación” generosamente brindado, y nobleza obliga, debo recordar también a Lucy Yegros y Hermann Guggiari. Visitaba y compartía largas horas en los estudios de Lucio Aquino, Gustavo Benítez, Ricardo Migliorisi, o de la fotógrafa Alicia Falabella en Areguá, alguien que me voló la cabeza, literalmente, o de Juan Carlos Meza. También conocí a cineastas como Juan Carlos Maneglia o Ray Armele…cerca de ellos me sentía  volar en una sociedad bastante chata.

Así me fui dando cuenta de que lo mío era la escritura crítica, el metalenguaje de y sobre la imagen y que debía estar a la altura. Para una muestra de Abramo, llamada Los Frisos del Partenón, esbocé unas ideas interpretativas; él mismo me estimuló a editarlos y publicarlos en la prensa, y así se dá el salto a la esfera pública. También para una muestra de Colombino, que reflexionaba sobre la libertad perdida, en coincidencia con los hechos políticos del Marzo Paraguayo, escribí unos textos que me abrieron las páginas del diario Ultima Hora, él mismo pidió al editor un espacio para “un joven crítico de arte”, espacio que mantuve hasta el año 2018, cuando el vespertino prescindió del valioso suplemento cultural que se llamaba Correo Semanal.

MP: ¿Qué te parece la escena actual de las Artes Visuales en Paraguay?

Se ha crecido mucho, sin duda. Con una fuerte presencia en la discusión artística y en otros con un trabajo solitario e íntimo, alejados del medio, de la crítica y del coleccionismo.

Conocemos obra de muy buena calidad producida por Mónica González, Gustavo Benítez, Laura Márquez, Ángel Yegros, Carlo Spatuzza, Carlos Almeida, Enrique Collar, Jorge Sáenz, Osvaldo Salerno o Francene Keery.

La generación intermedia, o “in-between”, no sólo por su edad, se encuentra justo en medio de dos generaciones de la escena artística, los más jóvenes o emergentes y, por el otro, los artistas consagrados, de fama internacional y que sin embargo, la mayoría está muertos: Feliciano Centurión, Edith Jiménez, Carlos Colombino y Ricardo Migliorisi. Esta generación se constituye por un grupo de artistas de fuerte intensidad conceptual y formal y que son parte de la efervescencia actual de nuestras artes: Claudia Casarino, Bettina Brizuela, Julia Isídrez, Sonia Cabrera (Otilia Heimat), Marcos Benítez, Ediltrudis Noguera, Fidel Fernández, Fredi Casco, Gabriela Zuccolillo, Alfredo Quiroz, Christian Ceuppens, Pedro Barrail, Daniel Milessi, Javier Medina Verdolini, Alejandra Mastro, Ana Ayala, Marcelo Medina, Ricardo Álvarez, Sara Leoz, Hugo Cataldo, Silvana Nuovo o Daniel Mallorquín.

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Piezas cerámicas de Julia Isidrez.

Me interesa el trabajo de Gustavo Benítez, me atrae su poética enraizada en la naturaleza. Las obras de Claudia Casarino, generalmente utilizando el textil desde una perspectiva de género, son poderosamente poéticas para no solamente señalar temas feministas clásicos. La pintura que me interesa es la más experimental, Bettina Brizuela y su serie reciente dónde la aberración óptica refleja el estado de emergencia del país. O la de Sebastian Boesmi cuando revitaliza la pintura desde grandes monocromos o campos de luz. La escultura cerámica de Julia Isidrez es de una calidad insuperable; destacando también las interpretaciones renovadoras de Jorge Enciso.

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Detalle de la obra textil de Claudia Casarino.

MP.; ¿Qué te parece la situación de los estudios y acompañamiento teórico por parte de críticos y curadores?

Soy consciente que nos falta más acompañamiento a las artes visuales desde la palabra, desde la escritura, desde el pensamiento; es decir desde la crítica. Estamos en deuda con esta sociedad, no nos pagan, y tenemos (¡debemos!) hacer colaboraciones ad-honorem. Falta un sistema editorial que nos permita funcionar como parte del engranaje, del ecosistema artístico. Por eso se siente nuestra falta, también.

El Instituto Superior de Arte trajo un gran impulso a la formación y ahora en su nueva sede en San Lorenzo, está fortaleciendo el sistema de artes visuales con nuevas camadas de artistas. Esto es un desafío, porque habrá mucha gente joven con una formación un tanto más profesional, para la que tenemos que estar a la altura tanto críticos, curadores como gestores.

VDDV: En Paraguay; ¿El arte tiene la obligación de ser político y social o puede ser algo más?

F.M: El arte es mucho más grande que todo eso, es una necesidad humana de expresión. Desde el hombre y la mujer de las cavernas hasta los chicos que hoy trabajan con computadoras.

Creo en una versatilidad total del arte, y como decías, lo político y lo social son partes consustanciales del ser humano. Quién no esté pensando en su propio futuro y presente y el de los demás, no solamente es apolítico, sino indiferente e irresponsable ante su destino o el de su comunidad. Siendo artista creo que el compromiso es doble, triple o aún más.

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Vista parcial de la videoinstalación de Patricia Wich “De las cenizas”

¿Qué es la política? Creo que es la forma de vivir organizados en sociedad de la manera más equitativa e igualitaria posible. En Paraguay estamos muy lejos de que esa gran palabra “política” sea verdad y por eso ha sido siempre casi una obligación para muchos artistas e intelectuales involucrarse. Sólo el arte y la ciencia son la reserva moral de este “intento de país”

VDDV: Y el arte conceptual sí tiene, parece ser esa tarea pertinente de hablar de lo político; ¿Qué pasa con la pintura de Enrique Collar, Emilio Cutillo, Fidel Fernández; que hablan mucho de la pobreza en sus obras, obras que podrían ser “figurativas”, ¿Tienen estas artes un futuro?, ¿Pueden hablar de lo político y de lo social?

FM: El conceptualismo es algo que atraviesa absolutamente todas las artes visuales. No queremos representar exactamente la realidad, sino como sentimos e interpretamos esa realidad.

En el caso de Enrique Collar, opino que presta mucha atención a cuestiones técnicas, al servicio de un imaginario cargado de contenido social. Ha tratado de no hacer una estetización de la pobreza; que es lo que muchas veces se les suele criticar a los pintores figurativos, sino ahondar en profunidades psicologistas. Un salto del costumbrismo decorativo a la crítica social es lo que entiendo existe también en el caso de Fidel Fernández, Juan de Dios Váldez o Emilio Cutillo, que se ocupan y preocupan de lo social y lo popular, y cuyas obras con sus mundos extraños para las élites serán consumidas, pero exigen una digestión “conceptual” por éstas, aunque les incomode.

VDDV: Contanos brevemente sobre la muestra ¡Asunciones! que estás curando en el Cabildo desde noviembre y que te trajo al Paraguay.

La exposición ¡Asunciones!, Posiciones sobre Mujer y Sociedad; convocó a 26 artistas; alemanes y paraguayos. La idea es que el nombre de nuestra ciudad; en plural y con exclamación, significara la ascensión de la mujer, el empoderamiento, “subir al cielo”. Los mensajes de estas obras son mujeres muy empoderadas, muy felices, muy positivas; lo dramático casi no está perfilado, es una muestra que recorre con mucha ironía y poesía la situación de la mujer.

VDDV ¿Qué ocurrió con una de las obras de ¡Asunciones! emplazada en el espacio público? Supimos que fue destruida en enero pasado…

Las artistas Mónica Millán y Adriana Bustos son las creadoras del “Plantío Rafael Barret. La obra consiste en un huerto simbólico, en el que se cultivan especies nativas que vienen de generaciones en generaciones. Entonces el plantar, significa a un nivel de idea (no de forma), el respetar toda una tradición genética de especies nativas de maíz, mandioca o porotos, oponerse a los monocultivos, oponerse a la innombrable soja, y a toda homogenización que reduce y empobrece nuestra alimentación y nuestras vidas.

Debemos darnos cuenta de una vez por todas, de que la agricultura paraguaya en gran medida, está sostenida por mujeres. Esta obra, además de la soberanía alimentaria, nos muestra el rol de la mujer en el cuidado familiar y en la alimentación, nos señala el grave problema de distribución de tierras porque estos kokués o huertas campesinas, existían antes incluso, en la ciudad de Asunción.

Todos me decían; -¡Esto no es arte, esto es una huerta!. El Plantío destruído por cuadrillas municipales el 18 de enero pasado, auncontando con permisos municipales, tuvo un proceso de lo más interesante. Nació con un ritual de siembra en noviembre, concitó la oposición de muchos urbanitas y personas “educadas”, y sobre todo la ira del matutino abc que dedicó ríos de tinta espesa para denostar esta obra de arte público. Esta es otro ejemplo de obra conceptual, una que está en los límites del arte y de la representación.

VDDV:  ¿Qué te parece la escena del cine en este momento, este boom de Martinessi en Berlín?

FM: El cine es, por suerte, lo mejor de nuestras artes. La imagen en movimiento y con sensibilidad artística, es lo que caracteriza a este cine de Paraguay o sobre Paraguay. Este cine reconoce rasgos de identidad fuertes y se caracteriza por un cariño, hasta si se quiere, obsesivo, al silencio. Un silencio dulce pero que de tan dulce ya es violento, pues para ha postergado emocionalmente a varias generaciones de paraguayos

Lo vemos en las películas de Pablo Lamar, en las películas de Marcelo Martinessi; son casi unas películas silentes, en las que vamos adivinando lo que va a pasar gracias a estos grandes silencios. Demás está decir que fue Paz Encina quien nos señala el camino introspectivo, luego de un corte en la imagen-movimiento artísticadesde Carlos Saguier con El Pueblo o Dominique Dubosc a fines de los 60.

Me interesa muchísimo Renate Costa, que con el documental inolvidable sobre su tío, ha hecho un fresco de la dictadura stronista, un striptease social y autobiográfico.  Lo que hizo Renate es una huella imborrable y de un coraje inmenso, nunca le estaremos suficientemente agradecidos, y estamos esperando lo próximo, una ficción aún en producción.

Aramí Ullón; también en el mismo registro, puso su cuerpo enfrente a la cámara y se animó a desnudar su intimidad familiar y hablar de temas tan tabú como son la tercera edad, o de cómo ser vieja y pobre en Paraguay, que es creo, lo más injusto que te puede pasar.

Entonces estas mujeres y otras más, sin dudas, nos están confrontando con nuestros temores más oscuros. ¡Necesitamos mucho de la energía de estas cineastas!

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