Casa Taller El Caparazón/Grupo Culata Jovai Y Tekoha Arquitectos

Autores del proyecto: Ramiro Meyer, Miguel Ángel González Merlo, Emmerick Braun, Mariángeles González, Daniel Díaz, Hassan Yaryes, Thommas Sahlmann, Camila Fernández.

Ubicación: Aregua, Paraguay

Año; 2020

Fotografías: Leonardo Mendez

Entender nuestro trabajo como un servicio es difícil cuando la intención de construir va más allá de la triada vitrubiana e indiferente al mercado.

Cuando un proyecto se concibe en términos de sueños, deseos, sensaciones y magia, la respuesta arquitectónica se vuelca más hacia la materialización de ideas espaciales que hacia un servicio inmobiliario.

Ninguna de las aproximaciones está bien o mal en sí misma, son formas distintas de hacer las cosas.

Un arquitecto de Universidad debería estar preparado para responder a lo que le toque hacer, el trabajo es una actividad significadora y dignificadora del ser humano.

En la ciudad de Areguá, a unos 30 kilómetros de Asunción, en un contexto semiurbano/rural donde el límite bosque, campo y ciudad es difícil reconocer.

El monstruo urbano avanza sin ningún plan, ¿acaso planificar sociedades como las nuestras podrá asegurar un futuro mejor?

Nos toca responder pensando, diseñando y construyendo todo casi al mismo tiempo, siendo la construcción parte indivisible del Proyecto. Construimos formas estructurales que se equilibran entre los límites de los recursos que disponemos: la mano de obra, los materiales locales y los presupuestos.

Cada proceso iniciado es casi un proceso terminado en sí mismo. Se trata de acortar procesos y generar ciclos para lograr mayor eficiencia y menor impacto.

Nos entendemos como “personas que hacen cosas” -no es necesario etiquetarnos como arquitectos o constructores-.

La burocracia (planos, planillas, cómputos, presupuestos y cronogramas), necesaria para que el banco permita endeudarse y así tener recursos para construir los sueños que buscamos.

Para la burocracia sí es necesario etiquetarse como profesional arquitecto, estar habilitado por el Estado para hacer cosas que todos pueden hacer.

En nuestro contexto hay más construcciones sin profesionales.

Y están ahí y siguen ahí y seguirán ahí…

6 años de tiempo y consumo para que nos permitan ser lo que somos…

Desde Paraguay, podemos estar seguros de algo: la universidad nos acercó a personas que saben hacer lo que hacen y a otros seres curiosos como nosotros. Y gracias al intercambio con esas personas hoy sabemos hacer lo que hacemos.

¿Quién define lo que “hay que saber” para poder ser arquitectos que se inserten el Mercado?

¿o para ser productores de contenido para medios de arquitectura? ¿o para ser constructores de sociedades?

Finalmente, este proyecto es un emprendimiento privado, una vivienda/taller, para la producción en serie de utilitarios de cerámica y un templo para el desarrollo artístico del propietario.

Los tiempos de exceso de información, híper-conectividad y distanciamiento nos permiten plantear la vivienda como algo más que una residencia, un lugar donde los distintos estratos de la vida humana se superponen.

Cursos, talleres y huertas, trabajo que se inserta en un sitio con tradición muy marcada. La vivienda no es una construcción aislada, se inserta en el contexto para llevar adelante un desarrollo comunitario, un lugar de encuentro y de asociación de personas.

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