Entrevista a Vivian Genes

Por Melina Pekholtz

Nos acercamos a la Comisaría Nro. 12, en el barrio Trinidad, en donde guarda prisión preventiva Vivian Genes. Desde un campamento improvisado en la vereda del recinto, le acompañan su madre y sus compañeros de lucha.

Vivian está privada de su libertad desde el 30 de marzo, fecha en la que la jueza Hilda Benítez Vallejo decretó su prisión preventiva, desconociendo una disposición de la corte suprema establecida justamente para evitar el abuso de esta medida.

MP: -¿Qué significa para vos hoy tu detención en este lugar, cómo la sentís y qué sentido le das a todo esto?

VG:  -Mi lectura es que esto es una persecución política, que en mi caso, a diferencia de los otros cuatro que también están siendo perseguidos, adquiere dimensiones políticas, judiciales y también mediáticas.

Como estudiante universitaria, estuve comprometida anteriormente con organizaciones que buscan avanzar por encima de esta estructura terriblemente violenta en la que estamos viviendo; entonces ya se me reconocía a mí en las calles, me reconocía la policía y otras personas que estaban movilizándose. Además, soy una chica de contextura pequeña, y tenía un megáfono.

Lo que me parece es que al momento de agarrar un “trofeo de guerra” y apuntar a un culpable y tener algo que compense lo que para ellos fue un agravio –la quema de la ANR— me toman a mí, como mujer, como estudiante, como manifestante, como una posible figura sobre la cual extender todo el odio. Esta cuestión de “tiene que ir a la cárcel” es un mensaje: “nosotros podemos hacer lo que queramos con la justicia y ustedes no se pueden manifestar.” Tienen a la policía, a la justicia, a los militares y eso es lo que están diciendo también con esto; “nosotros seguimos siendo los dueños de todo esto.”

El “VIVI NO ESTA SOLA” para mí significa que mi mamá no está sola, que ninguno de mis compañeros estásolo y que ninguna de las personas que estábamos luchando por el arancel cero, o por las vacunas, o que estaban haciendo ollas populares para comprar remedios, o que estaban buscando sillones para que sus familiarespudieran estar en el hospital, para nosotros esto es decir que ninguno de ellos está solo ahora. Y nosotros, aunque nos cueste encarcelamiento y persecución, aunque nos cueste lo que nos tenga que costar, sabemos que estamos en una transición que se debe hacer. No está bien que nos persigan, pero no por eso nosotros vamos a bajar los brazos. Éramos las chicas, las que en mayor parte las que estábamos peleando por el “Arancel Cero”, y ahora se le ve a una abuelita con el megáfono.

Mi mamá me acompaña y me va a seguir a donde sea. Cuando estuve en la urbana se mudó de casa para estar cerca, ahora se mudó otra vez para estar acá y se va a volver a mudar si es que me tengo que ir a Itapúa.

Veo y siento, principalmente, que tengo el apoyo de mis compañeras, también están mis compañeros, pero con mucha más fuerza siento ese apoyo de las mujeres de mi familia y de mis compañeras. Es un espacio que nosotras fuimos tomando con trabajo, con perseverancia y con muchísima convicción política. 

Esa organización desde el cuidado mutuo, desde otra forma de hacer política, de hacer transformaciones, es un peligro para el sistema violento actual. Ellos saben que están viviendo bien a costa de la vida de muchas otras personas y que eso ya no se está sosteniendo a nivel discursivo, no van a tener votos en las próximas elecciones, entonces están apelando a la fuerza burda, directamente. No tienen ningún argumento jurídico, no tienen ningún argumento humano para tenernos acá.

MP: -¿Cómo ves la trascendencia de este momento, a nivel social y personal?

VG: En este momento estoy tratando de mantenerme fuerte, sana, sana mentalmente, de contenerle a mi mamá, incluso a mis compañeros que vienen a visitarme y se me desmoronan enfrente, entonces estoy mucho en lo inmediato. Ahora estoy acá y tengo que dar estos pasitos y muy de vez en cuando puedo pensar en que otras personas pasaron por cuestiones parecidas y que por muy mal que hayan pasado, eso sirvió como una semilla de esperanza. 

Hice una poesía a mis compañeros, en la cual traté de juntar esos pensamientos, pensando en qué es lo que yo puedo hacer desde el lugar en el que estoy, usar este tiempo para formarme.

Mucha gente me está preguntando cómo podemos seguir, cómo dar una respuesta a este sistema tan cruel; estoy tratando de decir lo que ya había hablado con mis compañeros, lo que ya había hablado con mis profesores que pasaron por persecuciones, y que me dicen; -a mi gente le desaparecieron, a mí me torturaron, mataron a mis familiares, pero nosotros acá seguimos firmes con la convicción de que esto va a cambiar, tiene que cambiar. Si nos quedarnos con un pensamiento conformista, de que no se puede cambiar nada, este tipo de cosas van a seguir pasando.

No es casualidad que sean mujeres las que están en las ollas populares, son mujeres las que están organizando sus barrios cuando sube el río, son mujeres, ¿por qué?, porque son las madres de familia, que están peleando por el derecho a la educación y porque Marito compre vacunas. Entonces;  ¿por qué no pueden estar ellas en los espacios de decisión? ¿Por qué los que toman las decisiones son estos que tienen una estructura tan violenta y no las cuidadoras? Importa muchísimo que sean los cuerpos de las mujeres los que están siendo violentados, acallados y apartados de los espacios de decisión. 

Porque se supone que, si vamos a hacer política, es porque vamos a cuidar a nuestra gente. Es sentido común, no se puede entrar a la política para vivir bien a costa de los otros. 

O nos organizamos para que un grupo viva bien o nos organizamos para que mínimamente todos tengan derechos básicos, y ese es nuestro norte, y va a seguir siendo. 

Aunque a mí me dejen acá, dos años o 20 años como una cuestión de aleccionar socialmente, si eso pasa, entonces ahí voy a pensar en qué hacer. Yo quiero ser arquitecta, quiero trabajar con las comunidades, para que autónomamente puedan transformar su hábitat, y que puedan tener derecho a decidir cómo va a ser la ciudad en la que viven.

Si es que me quedo sin poder seguir mis estudios, sin recorrer otras ciudades, voy a continuar formándome y viendo en qué lugar puedo ser útil. El objetivo va a seguir siendo el mismo: tratar de ser una pequeña parte de estas transformaciones que les sirvan a más personas.

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