Espacios públicos tecnocapitalistas en el medioevo paraguayo

Espacios públicos tecnocapitalistas en el medioevo paraguayo

Por Melina Pekholtz 

“Los espacios de encuentro que proponen los centros comerciales en Paraguay, son usados como espacios públicos debido a la falta de espacios urbanos, a la mala conservación de los existentes, a la carencia de infraestructura necesaria en los mismos, y a una intención de atracción consumista que pretende homogeneizar a todos sus usuarios.”

Nos encontramos en patios de comida y galerías de estos centros comerciales con personas que se autoconvocan a estos espacios, espacios que según la definición de Marc Augè (antropólogo francés especializado en etnología) tienen las características de “no-lugares”.

“Un “no-lugar” es un espacio de transitoriedad que no tiene suficiente importancia para ser considerado
como “lugar”, no personaliza ni aporta a la identidad porque no es fácil interiorizar sus aspectos o
componentes, y en ellos la relación o comunicación es más artificial.”

Lo interesante es que estos espacios proponen una pseudo-apertura bajo sus normas de consumo.
Cualquier persona al acceder a su infraestructura adquiere el estatus de potencial consumidor y mientras
se mantenga ese estatus, sin alterar el potencial de consumo de las demás personas con las que se dará
una posible interacción en ese espacio, todo estará bajo control.
Por otro lado, los dispositivos de control, tanto las cámaras de circuitos cerrados, como los guardias de seguridad, las alarmas contra robos, contra incendios y el control social de lo “homogéneo”, de lo que representa “estar en el centro comercial”; nos vende una imagen de la burbuja de alegría y satisfacción que pretende generar empatía con el público consumidor del que se está sirviendo para sostener a toda esta infraestructura y esta ficción. Esto no sería tan irónico si no existiera una comunicación intencionadamente dirigida a esbozar un torpe intento de inclusión, con quién sabe qué concepto de diversidad, además amplificada y promocionada en
medios de comunicación y todo tipo de redes sociales justamente luego de que otro centro comercial haya sido protagonista de un episodio de violenta discriminación.

Después de estos acontecimientos, de las denuncias por redes sociales y las noticias en los medios de comunicación, es notable estar asistiendo a una fiebre de todo tipo de fobias, de violencia verbal y emocional que convergen esta vez al “no-lugar” de todos los “no-lugares” de las redes sociales, con la careta del anonimato de perfiles falsos o lo que en algunos casos es peor; con perfiles abiertos y sin escatimar vergüenza ante el paupérrimo nivel de los comentarios. Surgen así comentarios enviados desde algún túnel del tiempo de las hogueras medievales, con citas bíblicas de por medio y recurriendo al nombre de Dios para argumentar y defender la discriminación.

Paraguay, el país más católico de América Latina2, se manifiesta de esta manera ante un beso, ante una persona distinta, ante dos personas que se agarran de la mano.

La dignidad no necesita un determinado espacio para ejercerse. Aunque sea un lugar privado, no puede restar dignidad a ninguno de los seres humanos que esté en ese espacio, simplemente por una cuestión de humanidad.
Los espacios públicos son los únicos que pueden otorgar equidad en una sociedad con una brecha social tan desgarradoramente polarizada. La tolerancia es una herramienta a desarrollar para poder avanzar
colectivamente hacia una sociedad más plural e integradora.
1 Los no lugares. Espacios del Anonimato. Marc Augè. 1993 2 Pew Research Center. 2014

La educación no se negocia

Por Verónica Díaz de Vivar 
Aulas en defensa de la dignidad humana, sobre la base de valores como
el diálogo, la escucha, el respeto, la democracia y el reconocimiento a la
diversidad. Comprender que la educación es mucho más que una prueba estandari-
zada, ya que esta clase de pruebas coartan la diferencia, no pueden medir la
creatividad, las destrezas de escritura, la resolución de problemas sociales o
habilidades de pensamiento crítico. Con esta clase de pruebas los diferentes
ritmos de aprendizajes se ajustan a una talla única sin considerar la diversi-
dad de los estudiantes. Políticas educativas que descontaminen a la educación de las manos de la
empresa, políticas hacia una educación que no se limite a informar y adies-
trar para la empresa y el trabajo, que no exagere el culto a la competitividad. La escuela no es una competencia. La realidad de los nuevos tiempos
exige de escuelas donde la diferencia no sea vista con los ojos de las compe-
tencias, sino con los ojos de la dignidad humana. Es hora de una escuela que enseñe a los estudiantes a ser dueños de su palabra, capaces de criticar su realidad y su contexto sin estar mediatizados
por una ideología dominante. Una escuela que posibilite la tarea de transfor-
mar el mundo.
La literatura ha sido más rica que muchas de las explicaciones actuales para
caracterizar la educación y la escuela, y con claridad Eduardo Galeano (2000) nos
recuerda que un hombre del pueblo de Neguá, en la costa colombiana, pudo subir
al alto cielo, y que, al contemplar desde arriba la vida humana, dijo que somos un
mar de fueguitos: «El mundo es eso, un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con la luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales»
La escuela es eso, un mar de fueguitos, fuegos grandes y fuegos chicos, fuegos
de todos los colores, fuegos con dignidad, fuegos con derechos, fuegos pensantes,
fuegos nacidos para convivir y no para competir, fuegos con voces que aclaman
que la escuela se ponga en pie, y no esté más patas arriba, fuegos que sueñan con
que la escuela sea un espacio libre de condicionamientos y de competencias para el mundo económico. Es hora de soñar un mundo en el cual Alicia pueda atravesar al espejo, y encontrar una escuela en pie; en la cual, las competencias no sean el n más importante, sino la dignidad humana; los estudiantes no sean clientes,

S.O.S.tenibilidad

6 minutos de lectura

Por Horacio Cherniavsky 

S.O.S.tenibilidad

Si hay un tema que está colmatando las conversaciones y los debates en los estratos profesionales y académicos es la sostenibilidad. Pero lejos de una tendencia estilística o una certificación, el concepto se expande bien lejos de la esfera constructiva y arquitectónica. En esencia, es la manera en la que utilizamos, distribuimos y producimos los recursos, tanto naturales como artificiales. Desde nuestra alimentación hasta la energía requerida para nuestro traslado dentro del entorno en el que vivimos, el manejo de los recursos puede impactar con mayor o menor intensidad a nuestro entorno cercano, y en última instancia, el medioambiente a nivel global. Si bien la industria de la construcción es la responsable de una alarmante cantidad de emisión de gases de efecto invernadero, nuestro impacto va mucho más lejos que nuestro quehacer profesional.

Es evidente que con el constante crecimiento demográfico a nivel mundial resulta imposible frenar la supernova constructiva y productiva. Lo que sí nos urge hacer es reconsiderar todo lo que estamos construyendo y produciendo. Si la paradoja de nuestro habitar es destruir para construir, se vuelve inevitable la reflexión crítica de lo que hacemos. La productividad solía ser un medio, pero hoy vemos que es un fin en sí mismo. Ricardo Sargiottidijo “la casa más ecológica es la que no se hace”. Mucha razón tiene esta máxima, sobre todo cuando caemos en la cuenta que la construcción actual se acomete casi exclusivamente al provecho económico. Los nuevos edificios se conciben como poco más que instalaciones financieras, un dato más en las hojas del balance económico, y es esta búsqueda del beneficio la que determina su forma, su calidad y su rendimiento. Cualquier gesto o intento que no esté directamente relacionado con la obtención de beneficios visibles a corto plazo amenaza a los promotores con el riesgo de que su emprendimiento sea menos competitivo y, por ende, más vulnerable a los caprichos y vaivenes del mercado. Esta línea de pensamiento no ofrece incentivo alguno para iniciativas artesanales o ecológicas, que, por lo general,rinden a mediano y largo plazo.

Está claro que los avances tecnológicos han creado alternativas en la producción de energía, en materiales y sistemas de construcción y ensamblaje. El problema en sí no es la tecnología, sino cómo la utilizamos. El plástico, por ejemplo, es un material extremadamente eficiente, tanto en la producción como en su versatilidad de aplicaciones. El problema radica en el [poco] uso que le damos en comparación a su larga vida útil como material no biodegradable. Asimismo, las tecnologías de punta nos pueden ofrecer soluciones adecuadas para ciertas situaciones, como los paneles solares en zonas rurales o regiones donde la producción de energía eléctrica se realiza mediante recursos no renovables. Caemos en errados silogismos cuando prima la sola imagen de estos sistemas sobre su acertada aplicación, y la huella ecológica de la producción, el traslado y la puesta en obra sobrepasa ampliamente la utilización de sistemas más convencionales, aprovechando la energía limpia local, si fuese el caso.

 

Hay técnicas que no requieren de tecnología avanzada, que son de milenaria tradición, que impactan de manera positiva al confort térmico de los usuarios y sólo requieren de un diseño bien pensado. La ventilación cruzada, la utilización de aguas pluviales, el correcto asoleamiento y disposición de los espacios según la orientación y su función, la administración de recursos locales, como los materiales y la mano de obra, son todos ejemplos de un diseño considerado y sensible al entorno. El respeto a las preexistencias, tanto naturales como artificiales, forma parte de la serie de criterios previos al proyecto. La integración de la vegetación existente debería ser algo ineludible, un requerimiento básico a la hora de encarar el proyecto de arquitectura, ya que una construcción no tiene por qué sacrificar los elementos naturales que le preceden. La inclusión de vegetación en los espacios no solamente aumenta el bienestar de los usuarios a nivel psicológico sino que mejora la calidad del aire y el microclima inmediato.

Todos estos gestos e intenciones nada tienen que ver con la adquisición de nuevos materiales, la implementación de nuevas tecnologías, ni de complicados mecanismos de gestión de obras. Son, en esencia, estrategias que aprovechan las potencialidades de cada lugar. Esto, por supuesto, tampoco debería significarsobrecostos de obra. Ninguno de los criterios mencionados anteriormente supone un esfuerzo tecnológico ni monetario. Solamente un esfuerzo intelectual.

Es de vital importancia entender la extracción y la producción de cada material para poder utilizarlo de la manera más conveniente en cada proyecto. La madera, aparte de ser un material orgánico renovable, es uno de los pocos materiales utilizados en la construcción (sino el único) que crece con la energía solar y genera oxígeno durante su producción. La aplicación de la madera en la arquitectura se remonta a cuando salimos de las cavernas, y su uso sigue más vigente y más apropiado que nunca. Mediante la tecnología logramos mejorar su resistencia y sus propiedades físicas, pero el material sigue siendo, en esencia, el mismo. La tierra, utilizada en muros tapiales, ladrillos de adobe, o en bloques de tierra compactada (BTC), mezclado en ciertos casos con un porcentaje ínfimo de cemento o cal, ni siquiera pasa por la industria, ya que funciona perfectamente como materia prima. Lo interesante de esta técnica milenaria es que hoy, con el desarrollo de herramientas de compactación, como los pisones neumáticos, es posible mejorar los procesos constructivos, volviéndolos más eficientes y a su vez, aumentando la capacidad mecánica del propio material.

Los techos verdes tampoco son novedad. Aplicados de distintas maneras y sobre distintos materiales, la cubiertas vegetales representan una herencia importantísima para regular la temperatura interior, y gracias a los nuevos sistemas de aislación e impermeabilización, su aplicación en climas extremos, de temperaturas elevadas o muy bajas, se vuelve casi una obligación. No nos olvidemos que uno de los problemasurbanos de la construcción es la disminución de superficies absorbentes, problema que se resuelve con la creación de superficies con vegetación, sobre todo cuando estas superficies pueden producir parte de la alimentación, como en el caso de las huertas.

 

La sostenibilidad, como podemos ver, requiere de laeconomía de recursos, principalmente cuando son escasos. No podemos incentivar y aplaudir el uso de sistemas y tecnologías inaccesibles para la mayoría de la población, porque esto significaría que estamos celebrando el uso exclusivo y reducido de algo tan básico y necesario como el correcto funcionamiento de nuestros sistemas de habitar. La economía de recursos se refiere no sólo a la reducción del material y la energía a utilizar, sino del reciclaje y la reutilización de los materiales, y por qué no, de las propias construcciones. La reducción de la energía, los materiales y la construcción ya supone un aporte sustancial, minimizando el impacto de nuestras acciones.

Si algo hemos aprendido con el pasar del tiempo es que las actividades van mutando, y con ello, el escenario de las mismas. Si una edificación puede albergar un solo tipo de función, está condenada a tener fecha de caducidad una vez que la función que se desarrolle ahí se vuelva obsoleta. Por eso la flexibilidad funcional supone un valor agregado importante en la construcción de nuevos espacios, para así poder funcionar por un tiempo casi ilimitado, permitiendo que futuras generaciones los adapten a nuevos y distintos usos.

 

Existe hoy una ferviente necesidad de clasificar, etiquetar, certificar y premiar proyectos según criterios establecidos por las mismas empresas que exigen un porcentaje del costo de la obra para otorgar su prestigiosa distinción. Cabe preguntarse si las construcciones vernaculares, de sabiduría ancestral, hechas con lo justo y necesario, aprovechando los materiales locales y la mano de obra de la propia comunidad, llevan semejantes distinciones, ¿o ni siquiera sirven de ejemplo en el correcto y respetuoso manejo de los recursos? Habría que analizar si la huella ecológica del frenesí tecnológico compensa con su vida útil, en comparación a técnicas más artesanales y low tech, más asequibles y fáciles de implementar, que han superado la prueba del tiempo por su eficiencia y pertinencia. En ciertas regiones la aplicación de nuevas tecnologías resulta ser más apropiada y conveniente que técnicas más rudimentarias, por lo cual enmarcar y encasillar el concepto de sostenibilidad en una sola imagen se vuelve complejo y confuso, por lo cual englobar una definición genérica puede repercutir en respuestas erróneas y hasta contradictorias. El raciocinio, la prudencia y la conciencia deberían primar en la toma de decisiones proyectuales para que la sostenibilidad sea algo intrínseco y real en cada obra, y no solamente una imagen o una moda.

Asunción. Ciudad Cartel

Asunción, ciudad cartel

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Por Melina Pekholtz. Fotografías Alejandro Patiño.

“La ciudad, como nuestro medio y ambiente, se da forma a sí misma, y a su vez configura a sus habitantes. La interacción que tienen las personas con el entorno en cual van desarrollando su día a día, sus memorias y sus relaciones dan origen al sentido de pertenencia.”

El paisaje urbano es el crisol en el cual se subliman naturaleza, cultura y sociedad. Este proceso condicionado por la geografía de un determinado territorio y por la acción del hombre, moldea a la ciudad, los lugares y las futuras relaciones que tendrán lugar a partir del encuentro de los habitantes con su espacio, y también entre los diversos habitantes de este conglomerado al que llamamos ciudad.

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Como ciudad joven, Asunción se encuentra en pleno desarrollo de su urbanidad y de su propia identidad. Necesita una construcción del paisaje urbano que pueda generar bienestar común y una puesta en valor social que sólo puede darse resaltando las mejores características de los recursos naturales y patrimoniales.
La degradación actual del paisaje urbano generada por la sobrepoblación de anuncios y publicidad en forma de estimulación visual, acarrea varias transformaciones en el entorno desde el momento de su instalación hasta después de su vida útil.

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Al no estar reglamentada ni pensada de manera articulada, en beneficio de la ciudad y de las personas, la aparición de diversos carteles en los principales ejes de la ciudad, se genera un “continuum” de imágenes comerciales, estáticas, dinámicas, con emisiones de luz y de diversos tamaños.
Este bombardeo de imágenes al que estamos sometidos a través todo tipo de pantallas se translada además a nuestra interacción con la ciudad. Aquí también debemos repartir nuestra concentración de manera mínima para poder lidiar con el tránsito en una urbe ya bastante desordenada y alterada con respecto a las vías de circulación, y en un momento histórico en el cual mucha gente tiene en una mano el volante y en la otra, la pantalla de un teléfono.
Hoy estamos experimentando medios de comunicación incluso mucho más cercanos. Esta migración publicitaria hace que incluso sea innecesario invadir de esta manera el espacio urbano. Es hasta un contrasentido seguir recurriendo a este tipo de estrategias.
La contaminación que se produce de esta manera no afecta solamente al contexto urbano, afecta también a la calidad de vida de las personas expuestas a esta agresión, sometiendo a un estrés y cansancio que muchas veces no podemos evitar al estar inmersos en el entorno.
En el año 2015, la ciudad fue declarada Capital Verde de Iberoamérica. Esa declaración, que suena como
un atributo casi fortuito, no fue seguida por acciones que realmente puedan tener un impacto que se traduzca a iniciativas para referenciar mejor a la ciudad.
El paisaje natural con el que cuenta la ciudad no está puesto en valor ni hay políticas claras de cómopreservar este entorno. Que los “bienes verdes” no tengan valor de mercado no debería ser
impedimento para no incluirlos dentro de un inventario patrimonial.

Esta “invasión” de carteles y pantallas nos afecta físicamente en el caso de las que emiten luz, además de minimizar las luces de los semáforos alterarando la atención y psicológicamente generando un estrés a través de esta sobreestimulación. Más allá los contenidos, en muchos casos, degradantes.

De esta manera, no tenemos opción de “cambiar de canal”, “saltar el anuncio”, “apagar el dispositivo” o simplemente salir del lugar. Están en el espacio público y nosotros interactuamos de manera impuesta.

La omnipresencia de este tipo de publicidad hace que no podamos controlar esta invasión, y al no poder controlarla, surge la pregunta de si al menos existe alguna forma de regulación que nos proteja tanto a nosotros como al paisaje urbano.

La Avenida Mcal. López está más protegida por haber sido declarada eje paisajístico, pero aún así no dejaron de aparecer carteles de gran formato, estáticos e interactivos, en diversos sectores de la principal avenida de la ciudad.

El caso de la Avenida España, saturada de carteles y pantallas gigantes que ocultan, en muchos casos, características urbanas que representan a la ciudad, atentando incluso contra la identidad urbana de Asunción. Un ejemplo podría ser el caso de los laboratorios de la Farmacia Catedral. El pórtico de acceso de hormigón armado, “la cajita” de control de seguridad colgante, con el entorno de jardín que hace de atrio al edificio, una obra icónica en este eje, que ya apenas puede ser visto.

La brecha que tendría que existir entre la Avenida Eusebio Ayala y las Avenidas España y Mcal. López es cada vez menor.
Esta especie de carta blanca para cualquier cosa nos ubica en medio del caos, que revela que no existen medidas que protejan a la ciudad, a su identidad, y a sus habitantes, y que nos pueda dar una mejor calidad de vida. No se puede cambiar por dinero las cosas que afectan directamente a nuestro bienestar como comunidad, así como también a nuestra seguridad, a nuestra salud física y psicológica.

Las calles, con sus correspondientes aceras, son el espacio público por excelencia de la ciudad. La construcción de la ciudad depende en gran medida de la calidad del espacio público. Las calles y avenidas de una ciudad como Asunción deberían ser pensadas como arterias que puedan conectar espacios urbanos relevantes y colaborar de alguna manera a poner en valor el escaso espacio público de calidad existente.

Debemos pensar en cómo hacerlas más amigables; sobre todo con el peatón, bastante castigado ya por la condición y las dimensiones en que se encuentran las aceras, la falta de infraestructura (afectando de una manera más dramática los días de lluvia), las temperaturas extremas y la falta de solución a una conjunción de factores que hacen que la ciudad sea cada vez más hostil con todos los que la habitamos.

Se debería además incorporar equipamiento urbano que permita al peatón disponer de lugares de apropiación, generar todo tipo de sombras, tanto con vegetación como con otros dispositivos, y conectar espacios que pongan en valor tanto a la ciudad como a los ciudadanos.

Tomar consciencia de esta degradación y depredación urbana a la que está sometida la ciudad y nosotros mismos, es un primer paso para poder pensar y actuar. Claramente hoy no contamos con una correcta planificación para procurar el bien común, y esto nos revela una cierta voluntad de liberar el espacio para el avance de intereses cada vez más sectoriales, que en este caso, por los nuevos medios y estrategias de comunicación, sean hasta de dudosos efectos para esos mismos intereses.

Sobre la BIAU XI | Entrevista a Ana Román

0C696553-C5A2-4481-BC62-FD68A083598DEntrevista a Ana Román

Por Melina Pekholtz 

Ana Román (Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y Diplomada en Comunicación por el Institute of Higher EuropeanEducation de La Haya. Máster en Comunicación y Arte por la Universidad Complutense de Madrid, Máster en Periodismo de Calidad Diario ABC y DEA cum laude en Sociología de la Comunicación, durante los últimos 20 años ha desarrollado su carrera profesional dentro del ámbito editorial y de la comunicación.) y Arturo Franco (Arquitecto, crítico y editor. Como crítico y editor su trabajo se ha centrado en la exploración de la realidad contemporánea así como en la intervención en el patrimonio.) Fundadores de redfundamentos y creadores de la revista ritason los curadores seleccionados para organizar los eventos, conferencias, seminarios, actividades y muestras que tendrán lugar en el marco de la XI BIAU, en esta ocasión, con sede en Asunción.

Nos acercamos a su estudio en Madrid para conocer más acerca de los preparativos y expectativas para la bienal, así como sus objetivos e ideas sobre el panorama regional y local.

MP: ¿Qué significa haber seleccionado Asunción, Paraguay, como sede de la XI BIAU?

AR: Paraguay en concreto es un país que, tanto a Arturo como a mí, nos ha atraído especialmente desde hace mucho tiempo. Yo, de momento, no lo he visitado todavía, pero él lo ha visitado en varias ocasiones. La primera vez fue precisamente para la revista que editamos los dos, la revista rita_. El primer número fue sobre Paraguay.

La arquitectura latinoamericana en general, y la paraguaya en particular, nos interesa mucho por su potencia, su materialidad.

Ese hacerlo todo con lo que tienes a mano. Ese trabajar mano a mano con quien habitará el proyecto, esa visión de la arquitectura que se integra en el paisaje. Por supuesto, vuestra naturaleza espectacular, el río Paraguay; todo ello nos atrae, y creo que es una de las raíces de esta Bienal, en la que nuestro lema, si hay alguno, sería el habitar y el habitante.

Esa manera de ver el habitar en Paraguay, y cómo se involucra el habitante en mucho de lo que se hace, es lo que me parece más importante.

MP: ¿Es la puesta en valor de los discursos del sur una prioridad en la agenda de la arquitectura actual, o cómo lo ven?

AR: No sé si de la agenda de la arquitectura en general, pero sí que es importante para nosotros personalmente.

No somos de seguir modas pasajeras. Sí nos sentimos identificados, sin embargo, con esa arquitectura que podría considerarse entre comillas del sur, precisamente por lo que la caracteriza: la materialidad, el uso de lo que se tiene a mano, el vínculo con laarquitectura vernácula, el mirar atrás y aprovechar todo lo que se ha testado durante generaciones.

MP: ¿Podrías decir entonces que existe una voluntad de hacer visible lo invisible, de ciertas cosas que ya estaban latentes? ¿Cómo coopera en esa construcción una sociedad que lidia con situaciones de emergencia constante?

AR: Esas emergencias constantes por ser reales, clarísimas y, por desgracia, frecuentes en muchos países, han encontrado de hecho en el propio panorama de obras de la Bienal un espacio. Hubo varias propuestas de proyectos para situaciones de emergencia. Lógicamente,son proyectos muy sencillos, muy básicos, pero que permiten resolver el problema y darle un techo a la gente cuando se ha quedado sin casa.

MP: En ese contexto; ¿cómo ven las prácticas que si bien operan con lo que tenemos a mano pero que a su vez muchas veces está enfocada en el objeto de arquitectura como de alguna manera, muchas veces fetichista?

AR: La arquitectura como objeto se da en todo el mundo, pero es menos habitual en unos sitios que en otros.

En Paraguay, personalmente, no conozco ningún proyecto cuyo fin último sea convertirse en un objeto que llame la atención y que se convierta en un hito en la ciudad de referencia visual externa. Seguro que los hay, pero no los conozco y tampoco son ejemplos del tipo de arquitectura que me interesa. Sí conozco muchos proyectos que están desarrollados pensando en todo momento en su uso y en las personas que los van a habitar.

MP: En el discurso de esta arquitectura que hace con poco su obra; ¿qué es lo más resaltante que perciben en ello?

AR: Quizás el futuro vaya por ahí, sobre todo ahora que en Europa se habla tanto de la sostenibilidad, y que la Directiva de Eficiencia Energética de Edificios (2010/31/EC) exige que en 2020 los edificios reduzcan drásticamente su consumo energético convirtiéndose en nZEB, por sus siglas en inglés, o edificios de consumo casinulo.

Durante mucho tiempo, esto se nos ha olvidado.  Los edificios se llenaban de aires acondicionados, se construía olvidando todas esas medidas pasivas que no solo en Paraguay sino en toda Latinoamérica y en la misma España se han usado de manera natural durante cientos de años, y que ayudaban a ahorrar cantidades ingentes de energía. Cosas tan sencillas como orientar correctamente el edificio, generar ventilaciones cruzadas, incorporar muros de unos grosores determinados que hicieran que se mantuvieran unas temperaturas también determinadas y agradables en el interior. Todo esto se dejó muy de lado durante una época.

Por suerte se está recuperando. La necesidad de cumplir con una directiva que reduce drásticamente la posibilidad de consumir energía está haciendo que se vuelva a mirar atrás. Por supuesto, hay lugares en los que inteligentemente nunca se han dejado de lado estos conocimientos.

MP: Esta situación de que el pasado sea el futuro en cierta manera…

AR: Siempre hay que aprender del pasado para, por supuesto, dar pasos hacia delante. Hay que mirar hacia atrás para poder coger ese impulso que nos permitaavanzar. Lo malo, dejémoslo atrás pero lo bueno, ¿por qué no vamos a repetirlo?

MP: Esta BIAU, que es muy importante para Paraguay, ya que no tenemos una cultura de seminarios, exposiciones, tan vasta como pueda ser la de otros lugares, puede servir de impulso, pero más allá de lo que se venga después, ¿cuál sería el mayor aporte como legado que nos dejaría esta Bienal?

AR: La BIAU siempre ha tenido una fecha de caducidadSe desarrolla en un determinado lugaren este caso en Asunción, durante un tiempo muy acotado en el que tienen lugar una serie de actividades, exposiciones, conferencias; luego se realizan unas itinerancias de la exposición principal que traslada a otros lugares la representación del espíritu de la Bienal a través de la selección de obras premiadas, y termina.

En esta ocasión, hemos cambiado las reglas del juego. Durante la semana del 6 al 11 de octubre Asunción será un hervidero de actividades donde se combinarán exposiciones, conferencias, un ciclo de cine, conciertos, un proyecto acústico, (por cierto, la convocatoria Habitando Iberoamérica, en la que todos los participantes envían imágenes sobre cómo se habita Iberoamérica está siendo un éxito absoluto, ya contamos con más de 800 imágenes que se proyectarán durante la Bienal) pero la bienal no acaba aquí, además, se están desarrollando en el barrio de la Chacarita, 13 proyectos que quedarán como legado en la ciudad durante todo el tiempo que se mantengan, que esperemos que sean décadas.

MP: ¿Cómo fue la implicación de Uds. para llegar a la curaduría de la Bienal?

AR: El Ministerio de Fomento español, quien creó la BIAU hace cerca de 20 años, selecciona periódicamente a un coordinador de todas las bienales dependientes del gobierno (la Bienal Española -BEAU-, el pabellón de España en la Bienal de Venecia y la Bienal Iberoamericana). Fue el coordinador que nos brindó la oportunidad de comisariar la XI BIAU.

MP: ¿Cuáles son las expectativas particularmente de Uds. con respecto a la Bienal?

AR: Que sea inolvidable. Será la semana grande, por llamarla de alguna manera, una semana llena de actividades constantes de todo tipo, atractivísimas todas ellas, que esperemos que aporte muchísimo a todos los que pasen por allí. Y, por supuesto, estamos muy ilusionados con esos 13 proyectos que dejaremos en el barrio de la Chacarita.

MP: Creo que contribuirá aún más a la visibilización de la arquitectura regional, que si bien está en un momento ya de por sí importante; también será el puntapié inicial para desarrollar todo esto que veníamos diciendouna escena a la que se pueda traer y convocar a más voces.

AR: ¡Claro! Al final es un punto de reunión, de conversación, y de intercambio de opiniones entre gente repartida en una superficie de más de 20 millones dekm2.

MP: ¡Ya comenzó la cuenta regresiva!